Un CAFE para todos los cubanos

 

Jorge de Armas • 17 de marzo, 2014

En el reciente evento organizado por Cuban Americans for Engagement, CAFE, con la participación de FORNORM, Generación Cambio Cubano y Cuba Educational Travel efectuado en la ciudad de Miami se ha puesto de manifiesto la voluntad mayoritaria de los cubanos residentes en Estados Unidos de tener una relación fluida, abierta y natural con su país de origen, además de la necesidad de que la administración Obama actúe en relación con ese anhelo.

Organizado en tres paneles, el primero de ellos reviste una importancia adicional pues habló de los cambios que están teniendo lugar en Cuba en la voz de analistas y actores sociales residentes en Cuba. Roberto Veiga y Leinier Gonzalez, editores de la Revista Espacio Laical abordaron el tema de: “Comunidades religiosas y reconciliación nacional: los contactos entre la Isla y su diáspora”; Yasmín S. Portales, Coordinadora del Proyecto Arcoiris y bloguera disertó sobre “La lucha por la equidad de género, raza y LGTB” y Abiel San Miguel-Estevez gerente de la paladar Doña Eutimia expuso sus experiencias en cómo administrar un negocio privado en Cuba.

El debate que surgió de estas ponencias fue muy enriquecedor. Un dato distintivo es que la mayoría de las preguntas se dirigieron hacia aspectos prácticos sobre Cuba, interesándose fundamentalmente en los “cómo” y en necesidades concretas a satisfacer por los decisores políticos. Es evidente que hay en Miami un interés por conocer cómo están funcionando las cosas en una Cuba que cambia, la relación de los nuevos empresarios con las instituciones, sus posibilidades expansión y cuáles cambios, legales y constitucionales son prioritarios para conseguir una dinámica social coherente y en desarrollo.

El segundo panel abordó “Los contactos pueblo a pueblo”, Collin Laverty, Silvia Wilhelm, Geoff Thale, y Hugo Cancio  hablaron de sus experiencias como propiciadores de esta política de intercambio, analizando desde los factores familiares y la importancia de generar cada vez más libertades para estos contactos hasta la necesidad natural de un flujo beneficioso para ambas naciones.

Laverty y Wilhelm explicaron cómo los contactos pueblo a pueblo han servido para achicar las distancias y promover un mejor conocimiento de las sociedades cubana y norteamericana en el otro país. Laverty mencionó cómo la gran mayoría de los norteamericanos que visitan Cuba regresan convencidos de la importancia de pensar una política de intercambios con Cuba más acorde con los intereses y valores de EE.UU y que tome en cuenta los cambios que están teniendo lugar en la isla. El joven norteamericano enfatizó que es lamentable cómo a pesar de las sustanciales evidencias sobre lo positivo de los intercambios pueblo a pueblo para un mejor conocimiento sobre Cuba y una mejor discusión sobre el tema en EE.UU, la administración Obama sigue sometiendo a los participantes en los mismos y sus auspiciadores a engorrosos trámites y hasta penalidades. Laverty enfatizó que ninguno de los miles de norteamericanos que han conocido a Cuba a través de su trabajo le han expresado que ven a Cuba como una amenaza, mucho menos como un país terrorista. Muchos le agradecen el conocer, a través de sus programas, cómo Cuba es un país en cambio.

Silvia Whilhem se refirió a su trabajo en Puentes Cubanos donde todas las líderes de viaje son mujeres cubanoamericanas. Esa experiencia ha sido muy positiva pues representa un trabajo concreto en el que cubanas residentes en EE.UU presentan con conocimiento y pasión las nuevas realidades de la isla. Whilhem expresó que era su esperanza que, en la misma medida en que se liberen los viajes a Cuba, más cubanoamericanos funcionen como puente entre las dos sociedades.

Por su parte Hugo Cancio realizó una intervención sobre el papel de la música en la creación de puentes de entendimiento, además de analizar el intercambio cultural y el intento de ciertos artistas radicados en Miami de politizar el mismo.  En este sentido destacó que el intercambio cultural es entre Cuba y los Estados Unidos, no entre Cuba y Miami, ni entre Cuba y los artistas cubanos radicados en Miami.

En el debate posterior se destacó que el intercambio entre los dos países, ya sea cultural como de persona a persona es una herramienta para impulsar los cambios, creando puentes y eliminando el pretexto del “enemigo” utilizado sin distinción por las partes en conflicto.  A las preguntas de cómo se podría incentivar este intercambio, Collin Laverty destacó varias medidas a adoptar para diversificar el tipo de estadounidense que viaja a Cuba, incorporando más jóvenes, mujeres y negros, con más limitaciones para estos viajes por el alto precio que tienen. Las principales razones de esos precios – según Laverty-  son, del lado norteamericano, los riesgos que cada proveedor de viajes confronta por el enfoque de persecución que sigue el departamento de Tesoro hacia los viajes a Cuba. Del lado cubano, Laverty criticó la existencia de casi monopolios en los que Havanatur es el proveedor de servicios al turista en más del 80 % de los casos.

Tanto Laverty como Silvia Wilhelm recordaron que Barack Obama, en su discurso de campaña en Miami prometió eliminar las restricciones impuestas por George W. Bush a los viajes familiares de los cubanos y que el voto masivo de la comunidad cubana de la Florida obtuvo el cumplimiento de esa promesa. Ambos dijeron que se necesita convencer a la administración usando el voto como elemento de cambio, y que los participantes en los viajes deben comunicarle sus experiencias y preferencias por más viajes a sus representantes.

El papel del voto como herramienta de exigencia ciudadana también tuvo su espacio en el evento.  Álvaro Fernández, editor de Progreso Semanal abordó en la sobremesa la importancia que tiene inscribir nuevos votantes y conseguir educarlos en la necesidad de ejercer ese derecho ciudadano.  Explicó en qué consiste el Miami Progressive Project, que no sólo capta nuevos votantes y los sigue hasta el momento del voto sino que además forma líderes en nuestra comunidad.

Álvaro enfatizó que la masa votante está cambiando y que si bien durante muchos años estuvo integrada mayoritariamente por cubanos esa tendencia está cambiando y se abre un entorno de esperanza en la elección de nuevos representantes que no dependan de los vicios políticos de los cubanos, que no tengan compromiso con agendas políticas anticubanas y que se centren en los problemas reales de la comunidad que representan.

El tercer panel se refirió a las “Las relaciones gobierno- gobierno”, con énfasis en cómo mejorar las relaciones entre las sociedades cubana y norteamericana a partir de diálogos entre los gobiernos de Cuba y EE.UU.  Guillermo Grenier realizó un análisis de la reciente encuesta del Atlantic Council, Arturo López-Levy ¿Por qué es importante para la comunidad cubano americana sacar a Cuba de la lista de países terroristas? Y Antonio Zamora abogando por un apolítica de diálogo entre los gobiernos desde los valores e intereses de la comunidad cubanoamericana.

Este último panel y el debate que generó demostró que un evento como este reviste una gran importancia, no sólo por haberse realizado en un entorno altamente semantizado como Miami sino por aglutinar diferentes organizaciones que obedecen a agendas disímiles pero cuyo horizonte común es mejorar las relaciones entre los dos países. La visión monolítica que se intenta vender desde Miami sobre Cuba queda al descubierto en su falacia en la voz de los ponentes.

La nota negativa estuvo dada por la negativa de EE.UU. de concederle el visado necesario a Jesús Arboleya, profesor y exdiplomático cubano, quien también había sido invitado al evento.  Del mismo modo el Departamento de Estado negó el permiso necesario a representantes consulares cubanos para trasladarse a Miami.

Resulta significativo que la explicación sobre los retos de regentar un negocio privado en Cuba levantase un gran número de preguntas pero esto obedece a la lógica del creciente interés de los cubanos residentes en EE.UU. por incidir y participar de los cambios que están ocurriendo en Cuba.  Se puso de manifiesto que existen muchos negocios en la Isla que cuentan con participación y financiamiento de cubanos que no viven en Cuba, y que está en sus miras la posibilidad de invertir legalmente, e incluso volver a vivir en su país de origen.  Los panelistas fueron muy claros en la necesidad de que Cuba entienda que el regreso de un ciudadano a residir en su Patria es un derecho avalado por numerosos tratados, así como la Declaración Universal de los Derechos del Hombre.

La intervención de Antonio Zamora destacó por la honestidad a partir de la vivencia. Zamora es autor del libro What I Learned About Cuba By Going to Cuba, donde narra sus experiencias tras regresar a Cuba luego de haber sido invasor en Playa Girón como miembro de la Brigada 2506, haber cumplido condena en las cárceles cubanas y fungir como abogado de la Fundación Nacional Cubano Americana durante diez años. Al regresar a Cuba encontró un país desconocido, contrario a la imagen que le habían pintado durante todos esos años.  Su ideario, su proyección y su ejecutoria están hoy del lado de los que buscan un acercamiento y de los que construyen los puentes necesarios para una reconciliación no traumática entre cubanos.

Al igual que Zamora, es cada vez más común encontrar en Miami figuras que fueron notoriamente opuestas al diálogo con Cuba y a su gobierno y que han cambiado su forma de pensar y abogan por un intercambio natural con la Isla.

De este evento se pueden destacar un grupo de ideas generales acerca de los pasos concretos que se pueden dar para mejorar las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.  Está claro que el primer paso debería ser eliminar a Cuba de la lista de países terroristas, elemento que impide negociaciones futuras entre los dos países sobre elementos de interés común, desde medio ambientales hasta de protección contra el terrorismo y el narcotráfico.  En este sentido también se manifestó que Cuba podría participar de tratados panamericanos de lucha antiterrorista lo que evidenciaría lo contradictorio de su inclusión en la citada lista.

Incrementar los contactos pueblo a pueblo estableciendo una Licencia general para que los ciudadanos norteamericanos viajen a Cuba sin restricciones, elemento que aceleraría el desarrollo económico privado y podría incidir en que el pueblo norteamericano abandone la percepción de Cuba como país hostil. Dado que el entramado legal que conforma el embargo es de muy difícil eliminación pero deja un vacío legal, pues afirma que no se permitirán transacciones comerciales con el gobierno de Cuba, quedaría una brecha para que el ejecutivo autorizara las transacciones económicas con el creciente sector privado, lo que establecería un tipo de relación inédita en los últimos cincuenta años.

Este café por Cuba servido en Miami ha demostrado que el momento es propicio para intentar incidir ante las autoridades políticas y que tomen las decisiones necesarias a fin de lograr avances en un diferendo obsoleto. En este sentido Arturo López-Levy, al hablar de los beneficios para Estados Unidos de quitar a Cuba de la lista de países terroristas manifestó que hacerlo daría credibilidad a su propia política exterior, además de permitir avances en otras direcciones, desde resolver el problema del cierre de los servicios consulares de la Sección de intereses de Cuba en Washington hasta iniciar negociaciones coherentes y fructíferas para lograr la excarcelación de Allan Gross y de los tres agentes de inteligencia cubanos que aún cumplen condenas en los EE.UU.

Al concluir su intervención, López-Levy, quien además es codirector de CAFE, recordó que la próxima Cumbre de las Américas constituía un reto para la política exterior norteamericana ya que América Latina no participaría de una Cumbre en la que Cuba no estuviera representada y recordó  las palabras de Winston Churchill: “Estados Unidos siempre hace lo correcto, pero sólo lo hace después de haber agotado todas las alternativas”

La conferencia de CAFE en Miami ha dicho bien claro que ya es hora de hacer lo correcto.

Fotos: Andrés Cabrera, cortesía de CAFE