Respuesta de Cuban Americans for Engagement (CAFE) a Iroel Sánchez: ‘Venga la esperanza de cualquier color’

María Isabel Alfonso

“Venga la esperanza de cualquier color

verde, roja, y negra, pero con amor”

Silvio Rodríguez.

Recientemente  en una serie de artículos, Iroel Sánchez, autor del blog “La pupila insomne” ha publicado cuatro artículos de denuncias contra Arturo López-Levy, co director de Cuban Americans for Engagement (CAFE) a partir de la participación del académico en un evento convocado por Espacio Laical en la Habana y unas frases sacadas de contexto. Sánchez pontifica y llama a la disciplina a los que parece considerar patriotas o revolucionarios “confundidos”, por respetar la postura anti-bloqueo de Arturo, a pesar de diferencias que tienen con él. Alerta que Lopez-Levy “ofrece” “una solución para el cambio de política de EE.UU hacia Cuba y la búsqueda de los objetivos de Washington ‘por un método más persuasivo y menos coercitivo”. En fin, implica que se trata de  un agente para lograr un cambio de régimen en Cuba.

Los que lo conocemos en CAFE sabemos que López-Levy ha sido partidario de que una vez derrotado el embargo/bloqueo, Cuba adopte una economía mixta de mercado y un modelo de pluralismo político, basado en la declaración universal de derechos humanos. Eso no quiere decir que en ese contexto Arturo abogue por el control o el dominio de Cuba por EE.UU. De hecho se ha expresado categóricamente contra esa variante. Una lectura cuidadosa de la entrevista con Progreso Semanal que Sánchez cita demuestra que más que apoyar una política persuasiva que llama hegemónica (para distinguirla de la coercitiva imperial), Lopez-Levy llama a entender la posibilidad de ese cambio por ser la más probable si el embargo/bloqueo es levantado. En este y otros momentos de su análisis, Sánchez se confunde entre lo que es análisis de las políticas fácticas de EE.UU. o Europa, por una parte, y las preferencias de Arturo, por otra.

Las preferencias de Arturo también son conocidas por los funcionarios de la Sección de Intereses de Cuba en los EE.UU, porque se las dijo abiertamente al embajador Bolaños en mi presencia y la de otros colegas: “Quiero a Cuba y abogo por relaciones respetuosas entre EE.UU. y Cuba como países soberanos, pero dejé de ser comunista y no pienso volver a serlo” –expresó en nuestra primera reunión con el embajador Bolaños. Basta escuchar sus apariciones en el programa de Edmundo García o leer su entrevista con la revista Espacio Laical para saber que en reiteradas ocasiones López-Levy ha dicho que en un mundo sin bloqueo la idoneidad del modelo unipartidista debe ser cuestionada. Hasta en su aparición en el canal CNN para analizar la entrevista de Mariela Castro con Christianne Amanpour, Lopez-Levy alabó la flexibilidad de la directora del CENESEX cuando dijo que en un mundo sin bloqueo la posibilidad de una Cuba con más de un partido estaba abierta. No tiene sentido asumir que Arturo escondió uno de sus artículos que decía tales ideas, después de haberlo publicado- como insinuó Iroel- pues ha expresado lo mismo en varias ocasiones.

Todo eso lo sabemos los integrantes de CAFE, coincidamos o no con Arturo. En este momento consideramos como lo más importante derrotar la política de bloqueo contra Cuba y hacia esa meta consagramos nuestros esfuerzos con una agenda abierta a todos los que quieran participar y respeten la soberanía de Cuba. Me identifico como socialista pluralista, y sé que Arturo no lo es. Pero puedo decir sin temor a equivocarme que pocos cubanos en EE.UU. han hecho más por quitar esa política ilegal, inmoral y contraproducente que él, desde que lo conozco. Cualquiera que vive en este país sabe los riesgos que esto implica. Arturo ha asumido esos riesgos con total integridad, pagando un precio muy alto (y no hablo de dólares). Para mí, eso es lo que cuenta.

A veces, por falta de información, la sospecha real se ha mezclado con una injustificada paranoia contra todo el que ostente una posición matizada hacia Cuba. Quizás al calor de la resistencia contra agresiones reales, Sánchez lanza insinuaciones y sospechas que no puede sustentar apoyándose sólo en frases aisladas y en el uso de varios términos que según él no son “muy comunes a la academia, pero sí habituales en publicaciones pagadas por el gobierno de EE.UU. como Diario de Cuba y Martí Noticias: “gobierno castrista”, “reforma raulista”, “primavera negra”… y llamar “embargo” a lo que la ONU suele condenar como bloqueo económico”.  Pero sería bueno profundizar e informarse y de quiénes son sus verdaderos enemigos. Las cosas son mucho más complejas que un mero uso de vocablos.

Con un poco disimulado estilo estalinista, Iroel Sánchez salpica con citas inconexas  y pone en el mismo párrafo referencias a la CIA, al golpe de estado en Guatemala en 1954 y el Congreso Democrático por la Cultura sin mostrar una sola evidencia que justifique sus insinuaciones de que Arturo está haciendo ahora lo que otros hicieron entonces. Después de ver tirar tanto fango, uno se pregunta: ¿qué tiene que ver Arturo con todo esto? Desgraciadamente, esto me hace recordar la época de cacería de brujas y el llamado quinquenio gris, un estadío que las propias instituciones culturales cubanas están revisando, no para buscar inspiración, sino para evitar repetir los mismos errores.

Es raro que un intelectual que se define como marxista orgánico “confunda” la distancia ideológica del que no es comunista --y por tanto no tiene por qué apoyar la plataforma del gobierno cubano como un militante--, con el apoyo a las posturas de cambio de régimen impuesto a través de la ley Helms-Burton, compartidas por algunos que bastante daño han hecho a Cuba. ¿Qué tiene que ver la gimnasia con la magnesia? ¿Acaso un cubano, como condición para apoyar la soberanía de su país, tiene que reverenciar incondicionalmente la economía planificada y el modelo unipartidista? ¿Quién le ha dicho a Iroel que para ser patriota cubano hay que ser marxista, comunista o socialista? ¿En qué cabeza cabe (incluso considerando que la suya es la de un socialista de siglo XXI) que a todo lo que venga del gobierno en la Habana la única respuesta patriótica posible es un “sí”? ¿A quién sino a la derecha plattista sirve una visión tan estrecha y sectaria de los que caben en un proyecto nacional?

¿De qué manual estalinista sacó el Sr. Sánchez que hay una sola forma de llamar un proceso como el que vive la Cuba de hoy? Que la línea partidista de la que Iroel es vocero lo llame “actualización del modelo” no invalida a los que prefieren llamarlo “reforma”. Claro que el lenguaje no es neutral pero ese término sólo ha sido cargado de valor ideológico negativo por el uso vacío que le ha dado la oposición desleal, que por cierto insiste en demostrar lo mismo que Iroel Sánchez: que en Cuba nadie se debe hacer ilusiones de respeto por la  pluralidad en el espectro político cubano.

Aquí, en los Estados Unidos, no en La Habana, no en la Tribuna Antiimperialista, aquí, Arturo López-Levy ha levantado su voz contra el embargo, aclarando según su criterio que no es un bloqueo en tanto medida militar pero tampoco un simple embargo porque incluye sanciones extraterritoriales que son ilegales desde el punto de vista del derecho internacional. Recuerdo que una ocasión en la que debatía con un partidario del bloqueo, Arturo le dijo a su oponente que para que no hubiera dudas de que era embargo, no bloqueo, deberían empezar por quitar todo lo que tuviera una dimensión extraterritorial de las sanciones contra Cuba. El propagandista no supo qué decir. No me cabe duda que ese argumento racional, pragmático ha convencido más que los alegatos puristas de Iroel. No todos los lugares son una tribuna antimperialista. A veces, es mucho más complejo.

El simplismo de Iroel también afecta su discusión sobre el uso por Arturo del término “primavera negra”, para referirse a las detenciones y condenas de opositores conectados a la política de cambio de régimen en 2003. No simpatizo con el concepto pero  usarlo tampoco es un invalidante para ser un buen cubano. El hecho de que muchos de nosotros repudiemos la colaboración de muchos de los detenidos entonces con la agenda de la ley Helms Burton no nos obliga a apoyar lo que haga el gobierno cubano, incluida la forma en que fueron juzgados y las largas penas que se les impusieron. No somos subordinados de Cubadebate (un sitio oficial donde se publican muchas cosas de interés, incluyendo las diatribas de Iroel). Tenemos criterio, y con respeto lo hemos expresado en reuniones con el gobierno cubano.

Sánchez no tiene que mirar a la emigración; en Cuba hay un pensamiento crítico resultado de un pueblo educado, con el cual va a tener que lidiar más horizontalmente. El propio Silvio Rodríguez, a quien él cita para calzar sus posiciones sectarias manifestó sobre el tema: “Si estuviera en mis manos, yo habría amnistiado a esos cien presos que algunos llaman ‘de conciencia’. Creo que hay que superar la lógica de la Guerra Fría y que nuestra política no debería articularse con la política de nadie. No me importaría que dijeran que los liberé por presión. Yo sabría que lo hice porque hay que cambiar la vieja lógica, porque no podemos ser prisioneros eternos de nuestro pasado, porque hay más mañana que ayer esperándonos.”

Solo un desconocimiento de la cultura y el debate político estadounidense explica la obsesión de Iroel por extraer frases de su contexto, utilizar tendenciosamente comentarios en las redes sociales y armar un rompecabezas a favor de una teoría indemostrable sobre Arturo como plattista y opuesto a la ley Helms Burton, promotor de Milton Friedman y a la vez del estado de bienestar, posiciones que se entienden como encontradas. Uno se pregunta si Sánchez realmente sabe de lo que habla cuando identifica todo como lo mismo. No nos caben dudas de que en Cuba hay especialistas que conocen bien a EE.UU., pero ¿se ha asesorado Iroel con ellos? 

Las posiciones sectarias son muy dañinas en este momento donde no hay ninguna garantía de que se pueda avanzar sustancialmente siquiera hacia el fin de bloqueo en los próximos tres años. Le recomendamos a Iroel mirar los números de las encuestas sobre Cuba en EE.UU y la comunidad cubano-americana pues puede estar disparando en la dirección errada. Muchos de los que se han sumado a la labor de CAFE nos han expresado que lo hacen no solo por la oposición al bloqueo sino también por la forma constante en que nuestros miembros, incluyendo Arturo, abogaron a su cuenta y riesgo por la reforma migratoria cubana debatiendo con respeto con funcionarios del gobierno. Ese patriotismo de la honestidad alabado por Monseñor Carlos Manuel de Céspedes y el Cardenal Ortega es respetado por muchos. Iroel debe entender que en el tema cubano no hay que elegir entre su amor incondicional y el rechazo total. Hay matices.

Como una de las miembros de CAFE que apuestan por un socialismo inclusivo y renovador, debo decir que la castidad revolucionaria que exige Iroel es una fórmula perfecta para no cambiar nada y cocinarse en grupos estrechos sin trascender a la izquierda más cerrada (que me disculpe pero no todos coincidimos con él en eso de que ni la izquierda, ni el centro ni la derecha existen en el tema de Cuba). Hasta en el tema tan sensible de la lucha por la libertad de los Cinco, que ha generado hasta debates internos dentro de CAFE, ha sido Arturo uno de los que ha insistido en presentar ese tema desde un punto de vista más cercano al centro, a los valores estadounidenses, y la convicción democrática que tienen muchos norteamericanos de que toda persona tiene en su país el derecho a un juicio justo y que los Cinco no lo tuvieron.

Fue Arturo quien de conjunto con el Coronel Larry Wilkerson, jefe de despacho del General Colin Powell escribió dos artículos para pedir la salida de Cuba de la Lista de países terroristas y una negociación con Cuba del tema de Alan Gross y los Cinco. ¿Dónde estaba Iroel Sánchez cuando se publicaban esos artículos? Desde La Habana, en este caso, es más fácil escribir castos panfletos. El problema es que no movilizan a nadie fuera de los ya convencidos.

La insinuación que intenta deslizar sobre una supuesta identidad y equipo entre Carlos Alberto Montaner y Arturo López-Levy es insana, un dislate manifiesto en los debates entre uno y otro. Si a Iroel no le gustan las posiciones de López-Levy, que tome sus artículos y los debata directamente. No tiene que traer ni el Congreso de la Cultura de los años 50 ni los problemas de Panamá en la era de Torrijos, ni la ley Helms-Burton, ni a Carlos Alberto Montaner para montar un muñeco de paja. Eso es tendencioso y torpe. ¿A quién sirve?

Es curioso, pero Iroel coincide con Haroldo Dilla, analista político de una postura aparentemente opuesta a la del bloguero. Para Dilla se trata de andarse fajando todos los días con el gobierno cubano con protestas y denuncias. Para Iroel lo correcto es la misma fórmula contra la gran mayoría del espectro político estadounidense. Gracias por el consejo, pero no lo vamos a aplicar. Preferimos un pragmatismo al estilo del usado por el General Omar Torrijos, al que Iroel cita. Uno se pregunta si ha entendido esa experiencia histórica de recuperación gradual del canal de Panamá con un sistema de pluralismo político y economía mixta, términos que le molestan cuando Arturo los usa. De nuevo, parece que Iroel está desinformado con una visión de Torrijos leninista que la mayoría de los estudiosos de la cultura y la historia latinoamericana disputaría.

La Nación cubana es una pero es plural. No es exclusiva de quienes viven en la Isla, tampoco de quienes decidimos vivir fuera de ella, por múltiples razones mucho más plurales que el simplismo de Hectico PM, apoyado por Iroel, diciendo que emigramos por no tener pulmones para resistir como los que se quedaron para bajar “como Deborah Andollo”. Curioso alarde de machismo y soberbia en el que se escapa la admiración por una mujer que bastante ha vivido fuera de Cuba también.

Ser cubano es un sentimiento de fidelidad con un principio: soberanía. Si nos dejamos llevar por artículos excluyentes como el mencionado, de Iroel, pensaríamos que Cuba no avanza en el reconocimiento de su pluralidad, que vive en las reminiscencias estalinistas de unos setentas que nunca volverán. Afortunadamente sabemos que no, que el presidente Raúl Castro ha abogado por acabar con la falsa unanimidad, y que hay publicaciones como Temas y Espacio Laical donde se expresa una pluralidad creciente. Que nos parezca idóneo o no, en lo personal, un modelo de socialismo con economía mixta y aspectos capitalistas es harina de otro costal. ¿Acaso existen muchas otras opciones? Quizás el reto es aprender a asumir esta nueva epistemología sin prejuicios; uniendo, en lugar de separar.

No, “compañero”, obediencia no es sinónimo de lealtad. Cuba es de todos los cubanos que defendemos su soberanía, incluso de los que no piensan como tú, sean mayoría o minoría. Otra vez Silvio lo dice mejor que nosotros: “Aspiro a que todos los cubanos tengamos los mismos derechos, mucho más si los ganamos trabajando y aportando con amor a nuestro país”.