Reconciliación nacional a lo cubano, legitimidad V.S. pertinencia

 

Por Jorge de Armas

Partiendo de la tesis de Arturo López-Levy en el programa “La Tarde se mueve” que conduce Edmundo García sobre la legitimidad de un proceso de “reconciliación nacional”  donde el perdón, por llamarlo de alguna manera, pudiera jugar un papel en la estabilización de los procesos sociales en una Cuba futura, surgen dudas sobre la eficacia y pertinencia del mismo.

El contexto del cual parte la nueva visión de este “proceso” ha sido la gira de Dagoberto Valdés, de la mano de Carlos Saladrigas por Miami, y la “Segunda Conferencia sobre la Reconciliación y el Cambio: la Experiencia Alemana”, celebrada en el Miami Dade College, fue auspiciada por MDC; el Instituto de Investigaciones Cubanas de FIU; y el Grupo de Estudio de Cuba, que dirige el propio Saldrigas. Este evento fue reseñado por Juan Tamayo en The Miami Herald el pasado 4 de octubre bajo el título “Reconciliation among Cubans is needed, will be difficult”

Este evento coincide con la nueva mentalidad de la disidencia cubana de asesorarse por agentes de procesos de fractura del socialismo real que no guardan ninguna semejanza con lo vivido en Cuba. Otro ejemplo del fracaso de las estrategias de subversión desde el exterior que los “opositores” cubanos adoptan sin rechistar. Por una parte Guillermo Fariñas se abraza a Lech Walesa, y Dagoberto Valdés a expertos de la antigua “RDA”.

Pareciera que el debate sobre Cuba, y en este caso sobre cualquier aspecto de la Isla, necesita de una legitimación conceptual fuera de la lógica del propio proyecto  socialista cubano. El análisis de procesos vividos por otros países y sistemas debería servir para favorecer y enriquecer la propuesta, no para mimetizarla.

El propio Fidel Castro ha admitido que la adopción del socialismo surge de una “coyuntura histórica” conveniente, no de una tradición proletaria emancipadora. Si bien los anhelos de justicia y equidad social sí forman parte de la agenda de las luchas democráticas en Cuba, de Martí a Fidel, pasando por Guiteras y veinte más, la voluntad socialista no existía en la vocación libertaria del pueblo cubano.

Únase esto a que han pasado 54 años de aquel enero del 59, que Miami y su extrema derecha sigue hablando de fusilamientos, UMAP, Ofensiva revolucionaria, y hechos cuyos protagonistas sobrepasan las ocho décadas, y siendo realistas ¿a quién le exigimos cuentas?

Afirmemos que es legitimo y pertinente un proceso de “reconciliación nacional” De este modo se establecerían bases sólidas para garantizar la ausencia de rencor político y las reclamaciones a destiempo, como en el caso de Argentina o España, por citar sólo dos ejemplos.  Un proceso de aceptación de errores cometidos, no sólo por el gobierno cubano, también por las organizaciones de derecha, pacíficas y bélicas, además de quienes han apoyado un política hostil hacia la Isla que ha propiciado muerte y dificultades económicas.

Visto así, a los exiliados de Miami y a las “víctimas” en la Isla les cabría el derecho a exigir responsabilidades por los fusilamientos, algunos arbitrarios, ocurridos en la primera década de la Revolución cubana, también se podrían establecer demandas contra quienes enviaron a los trabajos forzados de la UMAP a artistas, homosexuales y religiosos. Muchos podrían enjuiciar al gobierno cubano por detenciones ilegales, por la prehistórica “Ley de Peligrosidad”, por amenazas, vejaciones y discriminación laboral.

Pero Cuba también podría demandar por el asesinato planificado desde Miami de civiles cubanos; por los atentados; por la introducción de agentes patógenos en la Isla; por derribar un avión cuya consecuencia fue la muerte de 73 personas.  Cuba podría, y le cabe el derecho a demandar, basados en esa misma política de reconciliación y equidad, cuántas vidas ha costado el embargo estadounidense, a todos aquellos que lo defienden.

Pero desde el punto de vista netamente historiográfico se pierde la perspectiva temporal, y de ahí que, aunque podamos justificar la legitimidad de un proceso como el descrito, a la luz de los procesos sociales que vive la Isla, lo que cuestiono es su pertinencia.

Un proceso de “reconciliación nacional” tiene, por principio histórico que responder a una mayoría demandante.  Actualmente, el reclamo viene más de grupos y asociaciones del ámbito teórico, que de un conglomerado de víctimas de uno y otro lado,

La supuesta pertinencia de un proceso de reconciliación nacional, a mi modo de ver, parte de una concepción desfasada de los acontecimientos históricos y  de una perspectiva que paraleliza la historia de Cuba a las historias de sistemas similares en la Europa del Este que ya no existen.  Convenientemente también se obvia aquellos espacios de critica a los procesos de reconciliación o de ausencia de estos,

Como he esbozado en un párrafo anterior la ausencia de un proceso de reconciliación puede estimular, a destiempo, rencores que pudieron resolverse con un enfoque adecuado del problema. La Transición española, que se toma como el ejemplo perfecto del tránsito hacia una democracia pluripartidista, hoy enfrenta problemas de confrontación con Asociaciones de víctimas que necesitan una reparación legal a los abusos y crímenes del franquismo.

El paralelismo con el proceso vivido en  antigua República Democrática Alemana, y la exigencia de reparaciones económicas a daños morales, esquiva, en el caso cubano la procedencia del dinero.

¿De dónde saldría el dinero destinado a las indemnizaciones, de las marchitas arcas gubernamentales cubanas, del dinero retenido en Estados Unidos y que pertenece a Cuba, o de la reparación justa que podría exigir Cuba por los años de bloqueo económico?

Es importante señalar que los odios personales no son reconciliables.  No se puede establecer una política desde los sentimientos.  El odio hacia una persona en específico es irreconciliable y en términos de macropolítica, además de imposible, inadmisible. Un proceso de reconciliación nacional reparará aciertos, desaciertos, errores, incluso crímenes, pero jamás reconciliará sentimientos.

Extraer del pasado lo positivo y mirar hacia delante.  Para los nostálgicos de las dos Cubas, la de antes del 59, y la de los días gloriosos del concierto de “países hermanos” no olvidar que lo que Cuba necesita es futuro.