Otra vez se suspenden los servicios consulares de Cuba en Washigton

Por: JORGE DE ARMAS

(Analista Político, CAFE)

(Originalmente escrito para OnCuba Magazine)

El clima para una normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos es cada vez más propicio.  Una reciente encuesta de Atlantic Survey, hecha pública por Rick Gladstone en el New York Times demuestra que más de la mitad de los norteamericanos piensa que Estados Unidos debe cambiar su política hacia Cuba, eliminar a la Isla de la Lista de países que apoyan el terrorismo, coordinar acciones estratégicas en temas comunes y liberar la prohibición de ciudadanos estadounidenses para viajar a Cuba.

Al mismo tiempo, influyentes empresarios cubano americanos han manifestado su posición favorable a la inversión en Cuba, desmarcándose de la línea habitual establecida por el exilio histórico de acercamiento cero hacia la Isla si éste no está precedido por un cambio de régimen.  Tras las declaraciones de Alfredo Fanjul para el Washington Post,  Jorge Pérez, poderoso e influyente constructor, artífice de la renovación urbanística de Miami,  también manifestó su voluntad de ayudar a fomentar un mayor intercambio con su país de origen. Súmese la decisión de la Unión Europea de dialogar con el gobierno cubano a fin de lograr un acuerdo político con Cuba.

Curiosamente, cuando los más influyentes medios de prensa norteamericanos y la élite cívica y económica del sur de la Florida clama por unas relaciones más amplias y manifiesta la necesidad de propiciar intercambios económicos plenos – lo que es en la práctica un llamado a eliminar el embargo norteamericano sobre la Isla –  el ejecutivo no sólo no adelanta pasos en ese sentido sino que, además, manifiesta que el bloqueo económico, comercial y financiero es “importante para espolear el cambio en Cuba

La política norteamericana no sólo limita el ejercicio de libertad de sus propios ciudadanos, también coarta los derechos fundamentales de la comunidad cubana emigrada. El hecho de que Cuba permanezca en la lista de países que apoyan el terrorismo, la Ley Torricelli y la Helms Burton, impiden que exista un marco legal para transacciones básicas de la escasa representación cubana en suelo norteamericano.

La delegación consular cubana se vio impedida a finales del pasado año de realizar trámites consulares debido a que el único banco autorizado a manejar las transacciones de la entidad manifestó que a partir del 26 de noviembre no continuaría prestando ese servicio.

Tras dos prórrogas, una vez más Cuba se ve sin una representación bancaria para las operaciones económicas mínimas y de esta manera los ciudadanos cubanos residentes en Estados Unidos no podrán obtener o renovar sus pasaportes, solicitar documentos u obtener las habilitaciones necesarias para visitar a sus familiares o a su Patria.  Del mismo modo ciudadanos de cualquier nacionalidad que deseen o necesiten viajar a Cuba tampoco podrán obtener el visado necesario.

Esto es una franca violación de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas del 18 de abril de 1961 y de la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares del 24 de abril de 1963 que insta a los Estados firmantes a garantizar que las entidades diplomáticas cuenten con las facilidades necesarias para realizar sus funciones.

Limitar el ejercicio consular en un atentado hacia el derecho fundamental del ciudadano a tener una relación de normalidad con su país de nacimiento. Pero es sólo uno más en la cadena de desatinos políticos entre las dos naciones.

Aunque el ejercicio político parta de la diferencia, incluso de un antagonismo político, las acciones no pueden ni deben estar destinadas a condenar a la población civil, por una parte a carencias materiales evidentes que sufren los cubanos en la Isla, y por la otra a no poder tener relaciones normales con los suyos los que han escogido el camino de la emigración.

Al amparo de una estrategia de desgaste al Gobierno cubano y una agenda explícita de cambio de régimen la política norteamericana secuestra los principios fundamentales que defiende su propia constitución: la libertad del ciudadano a ejercer ese propio derecho. Vive la élite norteamericana una esquizofrenia evidente en su estrategia sobre Cuba, anclada en leyes obsoletas mientras sus líderes, económicos y políticos,  demandan un cambio inmediato.

Las recientes manifestaciones de empresarios cubano americanos, y de líderes políticos de la Florida como Charlie Crist abogando por el fin del embargo evidencia dos aspectos que deben ser resaltados: por una parte al hacerse eco de la voluntad de los electores norteamericanos denuncian una política inútil llena de retóricas exhaustas; y por la otra, legitiman las acciones del gobierno cubano en las reformas económicas que está emprendiendo.

Está en las manos del Presidente Obama favorecer un cambio en las relaciones de Estados Unidos hacia Cuba.  Sería una manera de serle fiel a sus propias palabras cuando dijo “debemos ser creativos en nuestra política hacia Cuba

Aunque la decisión de eliminar el bloqueo tiene que ser tomada por el Congreso, el Presidente puede, sin consultar al legislativo, tomar las siguientes medidas ejecutivas: eliminar a Cuba de la Lista de Países que apoyan el Terrorismo; eliminar las restricciones de viajes impuestas a ciudadanos norteamericanos; ampliar el intercambio económico de alimentos y medicinas; establecer relaciones diplomáticas y  liberar a los agentes cubanos que cumplen condena en cárceles norteamericanas.

Es deber de los políticos fomentar y favorecer las relaciones entre los pueblos. Estados Unidos y Cuba son vecinos geográficos y comparten intereses y preocupaciones. Una relación entre iguales, horizontal y basada en el respeto a la soberanía y el principio de la no injerencia es lo que se espera de naciones maduras.  El conjunto de la Nación cubana no puede continuar secuestrado en una política heredada de la guerra fría y que sólo responde a un pequeño grupo de intereses locales sin prestigio ni soporte social.

Estados Unidos tiene que buscar soluciones para que las entidades que representan a Cuba en su suelo operen con normalidad, pero eso no es todo.  Es hora de que el Gobierno deje de hacer política para unos pocos y piense en esa abrumadora mayoría de ciudadanos que demanda el cese de un antagonismo que dura ya más de cincuenta años. Muchos ya lo han visto, y se han manifestado.  Pero, como dice el refrán, no hay peor ciego que el que no quiere ver.