Otra más del odio en Miami

Por JORGE DE ARMAS

Confieso que Antonio Muñoz me caía mal. Soy de Industriales, y para mi Agustín Marquetti es el número cuarenta y el mejor primera base del mundo mundial. 

Pero Antonio nos regaló aquel homerun en Japón, “una sola carrera, pidió Vinent, y aquel guajiro noble, nacido en medio del monte, descifró un envío submarino y puso a toda Cuba de pie” (1) y se quedó en mí, para siempre,  un pelotero cubano que siempre destacó por su modestia y su sonrisa, aunque no fuera de La Habana. 

No soportaba a Muñoz por bueno, por ser un excelente pelotero que se merecía más la antesala que el mejor primera base del mundo mundial. Pero era de mentira, ¿cómo podría detestar a quien tanto nos dio, a quien siempre fue el Gigante del Escambray?

A quien sí detesto es a todo aquel que en nombre de una Cuba que no es la mía se toma el derecho de hablar en mi nombre y con bajeza, chismes y chanchullos ha impedido que hoy sábado, en Hialeah - lugar al que nunca voy - hubiese disfrutado de la sonrisa del pelotero. 

Es lamentable que la actitud vendida y servil de un grupo de cubanos impida a sus compatriotas compartir vivencias que, más allá de la política, nos han emocionado a todos.  Secuestrar la cubanía según preferencias ideológicas lastra la posibilidad de un futuro común, y de un proyecto de Nación inclusivo y plural.

 Tendrá que llegar el momento en que un pelotero, cantante, comediante o aventurero se llegue por Miami y a nadie le interese si es budista o Fidelista, y que ser cubano esté por encima de cualquier diferencia.

(1) Esta frase me la recordó Roberto Lamelo, editor del blog Cienfuegos Hoy. (http://www.cienfuegoshoy.org/)