“Es la hora del cambio, no solamente en la isla, sino también del otro lado del Estrecho”

Entrevista al historiador Manuel Barcia.

Por: Arturo Lopez-Levy

Nuestro entrevistado es Manuel Barcia, profesor cubano en la Universidad de Leeds, en Gran Bretaña, es sub-director del Instituto de Estudios Coloniales y Post-Coloniales de la Universidad de Leeds. Es escritor de varios libros sobre la historia de Cuba, y columnista de Al Jazeera y el blog del periódico “The Independent”. Su libro “The Great African Slave Revolt of 1825: Cuba and the Fight for Freedom in Matanzas” (Baton Rouge: Louisiana State University Press, 2012) se considera un aporte significativo al estudio de las rebeliones de esclavos en Cuba durante el siglo XIX. Barcia discute en extenso la rebelión de 1825 en Matanzas demostrando la conexión transatlántica del movimiento con acontecimientos paralelos en África Occidental.

Manuel acaba de concluir un nuevo libro provisionalmente titulado Soldiers of Allah and Ogun: West African Warfare in Bahia and Cuba, 1807-1844 en el cual se examina el impacto que eventos históricos ocurridos en África tuvieron sobre las insurrecciones de esclavos en Bahía, Brasil y el occidente de Cuba en la primera mitad del siglo XIX. En estos momentos Barcia trabaja en un nuevo libro sobre los Cuban Sugar Kings, el equipo de Triple A, asociado con los Rojos de Cincinnati, y que tuvo su sede en La Habana entre 1954 y 1960.

Barcia es graduado de historia de la Universidad de la Habana donde se concentró en el tema de la esclavitud africana en Cuba, principalmente en los siglos XVIII y XIX. Después con una beca Chevening estudió una maestría en historia comparada en la Universidad de Essex, en Gran Bretaña, donde también curso estudios doctorales, graduándose en 2005 de Doctor en Historia.

Además de su trabajo más académico, Barcia pertenece al grupo de cubanos emigrados en los noventa y la primera década de este siglo que han decidido mantener un diálogo crítico pero constructivo en torno a las realidades cubanas más contemporáneas. Como columnista de Al Jazeera, y en artículos de opinión en The Independent y el Huffington Post, Barcia ha apoyado los esfuerzos de Cuban Americans for Engagement (CAFE) a favor de la reconciliación nacional, una mayor apertura política y económica en Cuba  y mejores relaciones de EE.UU y Europa con la isla. Es un fanático del beisbol, particularmente del equipo industriales.

1-Manuel, ¿Cómo fue tu formación educacional en Cuba? ¿Qué recuerdos tienes de tu vida en la Universidad de la Habana, tu barrio, tu ciudad, tu familia? ¿Cómo te sentías cuando tu equipo Industriales perdía con mi equipo Villa Clara?

MB: Bueno Arturo, en realidad mi formación profesional fue bastante sui generis. Yo no asistí a la universidad como la mayoría de mis contemporáneos. Por allá por 1992, justo antes de que el Periodo Especial nos pusiera a todos a dieta, me enrolé en los cursos dirigidos ofrecidos por la Universidad de la Habana, al mismo tiempo que comencé a trabajar en la Oficina del Historiador de la Ciudad. Los estudios dirigidos eran muy duros, porque en realidad no teníamos la oportunidad de tomar clases. Como resultado, uno dependía de la ayuda y el apoyo emocional de otros que como uno, estaban también pasando por lo mismo. De aquel grupo salieron varios historiadores que han tenido carreras muy interesantes, entre ellos Janet Iglesias, Javier Gutiérrez, quienes siguen trabajando en La Habana, y Osvaldo Cleger, quien por estos días es profesor en la Georgia Tech University en los Estados Unidos.

La vida en La Habana Vieja era y sigue siendo, como decía un buen amigo mío, un poema. Allí siempre pasaba algo. Yo crecí en el barrio de Jesús María, el antiguo barrio del Manglar, y la verdad es que no tengo sino buenos recuerdos de mi infancia y adolescencia, eso hasta que la crisis llego a comienzos de la década del 90 claro está. Si la memoria no me falla, por allá por los 80 y los 90, Industriales perdía bastante con los equipos de Las Villas, y contra todos los demás en general. De cualquier modo, aquel jonronazo de Agustín Marquetti que decidió la Serie Nacional en 1986 nos hizo olvidar y perdonar todas aquellas derrotas. Mis jugadores favoritos de aquella época eran Armando Capiró quien se retiró demasiado temprano, y Rey Vicente Anglada. Aún recuerdo la tristeza que sentí cuando Anglada fue suspendido. Aquella fue una de las grandes injusticias en la historia del deporte cubano. Más adelante otros jugadores como José Modesto Darcourt y el Duque Hernández se convirtieron también en héroes azules, pero en realidad lo que le hicieron a Anglada nunca se nos olvidó.

2- Sé que los dos disfrutamos mucho el béisbol y por eso no podía dejar de recordarte que combinamos como buenos cubanos la amistad y el dialogo intelectual con la rivalidad en “la pelota”. Estoy esperando con mucho interés tu próximo libro sobre los Cuban Sugar Kings, donde estuvo una persona muy cercana a mi familia, Preston Gómez, quien promovió siempre los encuentros de béisbol entre Cuba y EE.UU, desde la época de Nixon y el retorno de los peloteros residentes en Cuba a las Ligas Mayores. ¿Qué piensas del legado de los Cuban Sugar Kings? ¿Qué crees de la posible participación de Cuba en la serie del Caribe y el magnífico desempeño de varios peloteros cubanos como Yasiel Puig y Yoenis Céspedes en las grandes Ligas? ¿Habrá algún día un equipo cubano en las Grandes Ligas? Por cierto ha sido muy interesante saber que José Ariel Contreras, el gigante pinareño pidió incluir en su contrato una cláusula por la cual nunca tendría que jugar contra Cuba.

MB: Bueno Arturo, investigar la historia de los Sugar Kings ha sido un reto, pues nunca había trabajado un tema tan cercano, y con muchos de los protagonistas aún vivos. Hace poco pude entrevistar a Julio Bécquer, una de las estrellas de los Tigres de Marianao hasta 1960, y que jugó para los Sugar Kings, y luego para los Senators, los Angels y los Twins en las Grandes Ligas. Tener la oportunidad de conversar con este hombre tan amable y conocedor del béisbol, que aún en sus 80 sigue participando de lleno en las actividades de los Minnesota Twins, temporada tras temporada, fue una experiencia reveladora. Lo que Julio, y otros como él tuvieron que pasar cuando los Sugar Kings fueron retirados de Cuba por el comisionado de la Liga Internacional en julio de 1960, no fue fácil. Ellos todos, incluyendo a Preston Gómez que había llevado al equipo a su gran triunfo en la Mini World Series del 1959 sobre los Molineros de Minneapolis, tuvieron que romper vínculos con sus familiares y amigos, e irse a vivir permanentemente a otro país sin saber cuando regresarían a su patria. Escribir la historia de los Sugar Kings es escribir la historia del momento más grande del beisbol cubano, y tal vez también del más trágico. Cuando los Sugar Kings se fueron, con ellos se marcharon las aspiraciones de tener un equipo de Grandes Ligas en Cuba. Y por lo que he visto, aquel lema del equipo, “un paso más y llegamos” no estaba muy lejos de ser realidad. Muy probablemente la Habana hubiera tenido su equipo de Grandes Ligas durante la expansión de 1962 en la cual los Mets de Nueva York, y los Colts 45 de Houston entraron en las Grandes Ligas. Ahora mismo me parece muy poco probable que algún día La Habana tenga un equipo. Las expansiones, en mi opinión, se han acabado por un buen rato, y de los equipos de las Grandes Ligas, el único que realmente tiene un problema con el lugar donde se encuentra, es Tampa Bay. Incluso si ellos se marcharan a otra ciudad, La Habana ni tiene ni tendrá por un buen rato un parque y una infraestructura que los pueda acomodar, como tampoco existe un nivel salarial lo suficientemente alto como para garantizar que los aficionados puedan comprar los tickets para ver los partidos. Me temo mucho que el sueño de Bobby Maduro y de los Sugar Kings seguirá siendo eso, un sueño, al menos por ahora. Tal vez sería más realista pensar en acomodar a un nuevo equipo de Triple A, y ver que tal resulta la experiencia antes de pensar en La Habana como la sede de un equipo de Grandes Ligas.

En cuanto a los peloteros formados en la isla, me parece que ya va siendo hora de que aquellos tengan la posibilidad de jugar en otras ligas, incluyendo las Grandes Ligas en los EEUU. La verdad es que hemos perdido mucho durante todos estos años. Por mucho tiempo escuchamos de las hazañas de Miguel Cuellar, Tony Oliva, Tany Pérez, Luis Tiant o Camilo Pascual, pero nunca tuvimos la oportunidad de verlos en acción, lo cual es una gran pena. Lo peor es que la falta de visión de las autoridades deportivas cubanas ha provocado que todo continúe hasta hoy más o menos igual. Mientras el país va cambiando, la política beisbolera sigue anquilosada, a pesar de ya se vayan escuchando algunos rumores prometedores. A todos los industrialistas nos dolió cuando se nos privó del Duque Hernández a mediados de los 90. Todavía peor fue el hecho de que el Duque ganó cuatro series mundiales, y muy pocos en la isla pudieron verlo en acción. Aún recuerdo en el 1998 ahorrando unos cuantos dólares para poder ir al bar del Castillo de Jagua en Egido y Acosta para verlo pichear en la Serie Mundial en aquel año en que los Yanquis tuvieron uno de los mejores equipos de pelota de la historia. Con un poco de suerte las cosas cambiaran pronto, y los niños cubanos, y el resto de la fanaticada podrán ver a Yasiel Puig haciendo jugada espectacular tras jugada espectacular, o a José Fernández de los Marlins, el novato del año en la Liga Nacional, acabar con los bateadores de ambas ligas en su temporada de debut.

3- Pero Antonio Castro ha declarado que Cuba no se opone a que sus peloteros jueguen en las Ligas profesionales, de hecho el problema emergente para que Villa Clara participase en la Serie del Caribe no era en La Habana sino por las regulaciones del embargo, que impiden que residentes en la isla puedan ser empleados en las ligas beisboleras. Creo justas muchas de tus críticas al béisbol post-1959 pero me parece importante contextualizar. En 1962-63 apenas terminaba la segregación racial en el deporte estadounidense. Comenzaba con Cuba, la dinámica de guerra fría y acoso.

Más que ese pasado hay un presente más complejo de lo que presentas. Si Cuba dice que sus peloteros pueden participar en Grandes Ligas, ¿No deberíamos mirar a las limitaciones impuestas a esos mismos peloteros residentes en Cuba desde EE.UU, con el apoyo de un segmento de la comunidad cubana en Miami? Nada justifica los errores y abusos cometidos por las autoridades cubanas que apuntas pero, ¿No sería justo reconocer el mérito de la expansión deportiva que representó la revolución? ¿La serie nacional con equipos en las 14 ahora 15 provincias? Prefiero resaltar el caso de Preston Gómez y ahora el de José Ariel Contreras, quienes a pesar del rigor de un enfrentamiento político que los limitó, adoptaron una postura patriótica. Preston promovió los encuentros deportivos entre los dos países, Contreras no solo puso en su contrato que contra Cuba no jugaba sino regresó a su país en cuanto pudo, sin rumiar agravios. 

MB: Pues sí, claro que sí. Todos sabemos muy bien que aquí las barbaridades han ocurrido en ambas direcciones. Por lo general siempre se le echa la culpa a Fidel de que el deporte profesional se aboliera en Cuba, y esto en general es una falacia. A los Sugar Kings, que fueron el último puente de comunicación entre los EEUU y Cuba hasta mediados de 1960, los relocalizaron a pesar de que Fidel y Bobby Maduro hicieran todo lo posible para cambiar la opinión del comisionado de la Liga Internacional Frank Shaughnessy y de su jefe, el comisionado de las Grandes Ligas Ford Frick. Desde entonces el embargo ha sido el mayor obstáculo para ese añorado retorno a las Grandes Ligas. Lo que pasa también es que con la renuncia al deporte profesional, la cual no era absolutamente necesaria, perdimos la oportunidad de continuar jugando en otras ligas de gran calidad como la japonesa, la mexicana, la venezolana o la dominicana. Eso, me temo, no fue culpa del embargo, sino de una politización del deporte que aún continúa existiendo.

Yo siempre he dicho que el embargo hay que terminarlo cuanto antes. Me gustaría mucho ver al gobierno de Cuba hacer una declaración permitiendo a todos sus deportistas ir a jugar sin traba alguna a las mejores ligas de sus respectivos deportes. En menos de 24 horas el embargo seria expuesto por lo que es al resto del mundo, una medida obsoleta y sin ningún sentido. Para el deporte cubano las ventajas de una política de este tipo podrían ser inmensas. Nada más hace falta ver los equipos de fútbol que tiene Brasil gracias a que sus jugadores participan en prácticamente todas las ligas profesionales de alguna calidad que existen alrededor del mundo. Es la hora del cambio, no solamente en la isla, sino también del otro lado del Estrecho.

 

4-¿Qué representó para ti la beca Chevening? ¿Cómo es tu relación con Gran Bretaña y su mundo intelectual? ¿Qué importancia atribuyes a los estudios coloniales y post-coloniales allí? ¿Qué crees de la política británica y europea hacia Cuba, con claras diferencias con el gobierno cubano pero también con el embargo estadounidense?

MB: La beca Chevening llegó en un momento muy acertado desde el punto de vista profesional. Yo acababa de regresar de mi primer viaje a África, a donde había ido a pasar un tiempo estudiando en Dakar, Senegal, y el poder ir a cursar una maestría en historia comparada fue una gran oportunidad. Desde el momento en el que llegué a Gran Bretaña, tuve la suerte de que mi universidad estuviera a sólo 45 minutos de Londres. Gracias a esta circunstancia, pude trabajar en la British Library, en los Archivos Nacionales en Kew Gardens, y en los archivos y biblioteca del Museo Marítimo en Greenwich, entre otros. También pude asistir a una gran cantidad de eventos, compartiendo en congresos con Zindzi Mandela y Ken Livingstone entre otros.

En lo referente a los estudios coloniales y poscoloniales, en realidad no hay mucho que decir. Para mí el término poscolonialismo en sí mismo es muy problemático y refleja una añoranza por el imperio perdido. Lo que para los británicos es poscolonialismo, para nosotros en Cuba, en Egipto, en Namibia o Tailandia, es neocolonialismo o independencia, dependiendo del punto de vista, pero ciertamente no es poscolonialismo.  

La política británica hacia Cuba ha cambiado mucho desde los días de Margaret Thatcher. En realidad, un gobierno conservador como el de David Cameron ha dado muchas más señales de acercamiento, que el gobierno laborista de Tony Blair. Obviamente, la agenda política de Tony Blair estuvo siempre marcada por su cercanía con George W. Bush, y como bien sabemos durante su tiempo en la Casa Blanca, muchas de las políticas relacionadas con el embargo se recrudecieron. Aún recuerdo todos los problemas y humillaciones a los que fueron sometidos un número de académicos cubanos que pretendían asistir a los congresos de LASA (Asociación de Estudios Latinoamericanos) en los EEUU. Este recrudecimiento llevó al ejecutivo de LASA a mover sus congresos a otros países como Brasil y Canadá. Si mal no recuerdo, la última vez que nos vimos fue precisamente en el congreso de LASA en Toronto hace tres o cuatro años.

5-Alli mismo fue y recuerdo que nos fuimos a un bar a ver un buen juego de béisbol y charlar. ¿Qué te atrajo a estudiar el siglo XIX Cubano y particularmente las rebeliones de esclavos? Has hecho investigaciones en África para tus libros, enfatizando que la gran revuelta afro-cubana de  no se entiende sin los flujos globalizadores y conexiones transatlánticas de la época, así como los eventos que ocurrían allí. ¿Cuán importante es para Cuba el origen africano de nuestra nacionalidad? 

MB: En realidad comencé a trabajar el siglo XIX por pura casualidad. Luego de haber visitado el Archivo Nacional en un par de oportunidades, comencé a encontrar documentos interesantes que hasta cierto punto ponían en duda muchas de las cosas que había leído en los libros de historia sobre la Cuba de aquella época. El apoyo y las recomendaciones de historiadores como María del Carmen Barcia, Eusebio Leal, Lilian Guerra, Alejandra Bronfmann, y los fallecidos pero no olvidados María Antonia Márquez Dolz y Panchito Pérez Guzmán, entre otros me llevaron a profundizar en el periodo, y eventualmente el tema de la esclavitud africana fue el que más atrajo mi atención.

Después de todos estos años leyendo y escribiendo sobre la esclavitud africana en Cuba, he llegado a la conclusión de que el problema más grave que tenemos todavía hoy para entender los orígenes de nuestra nacionalidad es, precisamente, una falta bien seria de conocimiento acerca de las áreas culturales y experiencias personales de los cientos de miles de africanos que fueron traídos a Cuba en este periodo. A primera vista esto podría parecer una exageración, pero en realidad, ¿cuánto sabemos acerca de las guerras y yihads ocurridas en Oyo, Dahomey, y el Sudan Occidental, que llevaron a miles y miles de esclavos de origen Yoruba, Hausa, Nupe o Borno a nuestra isla? ¿Cuánto sabemos acerca de sus tradiciones militares, las cuales jugaron un papel importantísimo a través de la primera mitad del siglo XIX en cada levantamiento de esclavos? ¿Cuánto sabemos acerca del posible impacto de sus creencias religiosas, incluyendo las de los muchos musulmanes que deben haber llegado a nuestras playas en esas décadas? Las respuestas a todas estas preguntas aun se encuentran siendo investigadas y respondidas. A veces me parece que la Cuba que tenemos hoy, a pesar de su diversidad racial, sigue estando atada de muchas maneras al discurso de blanqueamiento propuesto por José Antonio Saco a mediados del siglo XIX. El hecho de que las culturas africanas se hayan trivializado y explotado tanto, es algo que me ha preocupado por mucho tiempo, y algo que intento rectificar en mi trabajo académico.

6-No sé si te ha pasado pero cuando estudiaba en la Universidad de Columbia y en la Universidad de Denver siempre he tenido una afinidad especial con estudiantes caribeños, africanos y afro-americanos. Como cubano he notado que más que apoyar o no apoyar al gobierno cubano en cuestiones específicas, un tema que me ha acercado a ellos es mi orgullo por la contribución cubana a la lucha contra el apartheid, y el sacrificio de muchos cubanos en su contribución a la liberación anti-colonial, la educación y la salud en África y que fue algo a lo que aportamos cubanos de todas las razas ya sea directamente o a través de familiares, amigos, etc. Haití es otro caso.  ¿Cuál es tu impresión sobre la política cubana hacia África y el Caribe en las décadas posteriores a 1959?

La experiencia de compartir alojamiento con gente de otros países te abre los ojos de muchos modos. Para comenzar te das cuenta que ellos no son extranjeros, sino que extranjeros éramos todos, incluyéndolo a uno. Yo compartí con gente de todo el mundo, mexicanos, colombianos, asiáticos, griegos, turcos, africanos. Con todos la verdad me lleve muy bien. Ser cubano en realidad abre puertas, precisamente porque con algunas excepciones, la política exterior de Cuba durante la Guerra Fría tuvo algunos momentos verdaderamente gloriosos, aunque también es cierto que tuvo otros, y estoy pensando en la invasión soviética de Afganistán en 1979, que fueron bochornosos.

En África, prácticamente dondequiera que he estado, decir que eres cubano es como decir que eres un hermano. Desde Niamey hasta Luanda, la gente te respeta y te agradece, a pesar de que tu no hayas hecho nada realmente por ellos. Esto obviamente es un resultado de esa política cubana hacia África sobre la cual me preguntas. Tal vez la única excepción de esta regla sean los eritreos. Mientras viajaba por el norte de Etiopía hace algunos años, conocí a algunos de ellos, y todos acusaban a Cuba de haberlos atacado junto a las tropas de Mengistu Haile Mariam, comprometiendo en gran medida la independencia de Eritrea. Sin embargo, en general como te dije antes, Cuba hizo mucho bien en África, asegurando la independencia de varios países, enfrentándose al régimen del Apartheid, y contribuyendo significativamente a su caída a comienzos de los años 90 y a la independencia de Namibia.

7-En tus escritos de opinión, se palpa una concepción progresista plural de la política, comprometida con la reparación de injusticias históricas, el respeto por las identidades de raza, y género sin abandonar la importancia de las clases en los estudios sociales. ¿Qué crees de los cambios que están ocurriendo en Cuba hoy? ¿Cuál es tu visión sobre los vínculos entre los cubanos que viven en la isla y aquéllos que han optado por vivir fuera de ella?

MB: En realidad el poder escribir para medios de prensa que se leen alrededor del mundo ha sido una gran oportunidad. Los académicos por lo general escribimos para un público muy limitado, y esto ha sido una experiencia completamente distinta que me ha dado la posibilidad de discutir no solamente temas referentes a Cuba –lo cual he hecho en varias ocasiones- sino también otros temas de carácter internacional, como por ejemplo la fallida campaña internacional para capturar al famoso criminal de guerra Kony, en África; la elección del Cardenal Bergoglio a la sede papal, y otros temas de actualidad como el racismo y la xenofobia, entre otros. Eso sin olvidar que también he podido escribir sobre temas que afectan mi vida aquí en Gran Bretaña, y que ocasionalmente también he escrito artículos sobre fútbol para Foxsoccer.com

Acerca de la situación actual en Cuba me parece que los cambios que han comenzado a ocurrir en los últimos años son muy prometedores, pero al mismo tiempo creo que se van estableciendo con demasiada cautela. En mi opinión los dos grandes avances en Cuba durante el pasado medio siglo, la educación y la salud pública gratuita, necesitan convertirse una vez más en prioridades. No podemos seguir hablando de un sistema de salud de primera clase, cuando la sanidad en los hospitales deja mucho que desear –y la falta de higiene no es algo de lo cual se puede culpar al embargo. Tampoco podemos continuar pretendiendo que nuestro sistema educativo es de los mejores, cuando los maestros de escuela prefieren irse a trabajar al turismo, y cuando la Universidad de la Habana ya ni siquiera aparece en las listas internacionales entre las mejores universidades de América Latina y el Caribe. Incuestionablemente, el turismo y otros renglones constituyen prioridades, pero no por eso deberíamos dejar a un lado la educación y la salud pública.