El derecho de amar a la patria

 Por: Gladys Cañizares

Muchos llevamos más de cincuenta años esperando la democratización de Cuba. Recuerdo a Concilio Cubano, como la mejor oportunidad que tuvo la disidencia de unirse en solo propósito adentro y fuera de Cuba. En ese momento contaban con el apoyo de la mayoría de los mandatarios en la región y la totalidad de la prensa, ya que era algo insólito en un país totalitario. Conjuntamente, se creó el Grupo de Apoyo a Concilio Cubano en Miami, hubo muchísimas reuniones donde por primera vez estaban presente todas las organizaciones del exilio y se acordó alquilar un lugar para monitorear la situación. Se preparó un foro mediático de alto nivel en el Hotel Marriot de Coral Gables para recibir y reportar todas las denuncias. Sin embargo, una vez más el oportunismo pudo más que el amor a la patria. José Basulto y Sylvia Iriondo tenían sus propios planes, a pesar de que también se había acordado que nuestro único objetivo eran los disidentes en Cuba y se prohibió todo aquello que robara la atención a Concilio Cubano. Ya todos sabemos el nefasto resultado del intento de Hermanos al Rescate de volar para tirar papelitos en Cuba. Increíblemente murieron cuatro jóvenes con ideales, pero sus manipuladores salieron ilesos. Con razón se responsabilizó al gobierno cubano del crimen, pero jamás se ha señalado la culpabilidad de personas que anteponen su objetivo por encima de todo. Por supuesto los disidentes cayeron presos y recibieron el total impacto de lo sucedido. Relato los hechos porque formé parte del Grupo de Apoyo y alquilé el salón en el hotel. Nunca olvidaré la tristeza que nos embargó al conocer la terrible noticia. Tristemente, la prensa se concentró en el derribo de las avionetas y una vez más los disidentes perdían sus esperanzas. Alrededor de 17 años han pasado y todo sigue igual. Excepto que el gobierno cubano ha comenzado a efectuar algunos cambios, la gente se mueve y resuelve en Cuba, pero la fraccionada disidencia no consigue su cometido, ya que el pueblo no se moviliza con ellos. Posiblemente la razón es la viciada ayuda que los disidentes reciben de organizaciones del exilio, una ayuda que pierde legitimidad al ser auspiciada por la organización estadounidense USAID y usar el nombre de “Comandos de Resistencia” que implica un proceso de inestabilidad a nivel militar. Todos sabemos que muchos han creado un modo de vida en torno a la disidencia y el sufrimiento del pueblo cubano.

Entonces, no podemos recriminar ni a Alfonso Fanjul ni otros cubanos su deseo de reunir a la familia cubana y participar en el desarrollo de Cuba. Fanjul viajó dos veces en el 2012 y el 2013 a través de Brooking Institution, grupo que critica la política de EEUU hacia Cuba. Según el lágrimas brotaron de sus ojos, lo comprendo, me pasó lo mismo cuando viajé hace 16 años para reunirme con algunos los participantes y detenidos de Concilio Cubano. A Fanjul la experiencia lo humanizó respecto a la situación cubana. Personalmente no me importan sus razones, Fanjul es cubano y tiene todo el derecho de amar a su patria como bien le parezca. Me importa que el gobierno cubano continúe los cambios y a la misma vez detenga la represión que no concuerda con sus objetivos. Los cubanos deben tomar la rienda de su destino sin sentirse oprimidos ni tener que responder como títeres a los intereses de organizaciones en Miami. No al embargo, si al cambio.

Gladys Cañizares