El ansiado cambio

Gladys Cañizares

Finalmente el estancamiento de cinco décadas llegó a su fin. Un memorable día donde los presidentes de Cuba, Raúl Castro, y de Estados Unidos, Barack Obama pusieron los intereses de sus pueblos por encima de sus diferencias, para tomar medidas que dan paso a suavizar el embargo económico que tanto daño ha hecho al pueblo cubano. En un día milagroso y simbólico, pues cuando todas las esperanzas estaban perdidas, Alan Gross fue liberado para celebrar el milagroso festejo de Hanukkah junto a su amada esposa y familia. También fueron liberados Antonio Guerrero, Ramón Labañino y Gerardo Hernández para retornar a su patria. Otro milagro fue que coincidiera en el cumpleaños del Santo Padre Francisco, un regalo fortuito por tan atinada gestión entre Estados Unidos y Cuba para que establecieran relaciones diplomáticas y superaran las dificultades que han marcado su historia.

Mientras que el júbilo se apodera de los cubanos en la Isla, porque están consciente del beneficio que este monumental cambio les trae, en Miami se refleja una paranoia entre los líderes de organizaciones anticastristas por la frustración y el golpe de la inesperada noticia. Como suele suceder, la prensa Miamense se congregó en el restaurante Versailles, sede de los más intransigentes que tomando su cafecito cotidiano se vanaglorian y fraguan su plan de ataque. ¿Qué opinión podían extraer de dicho público? Una opinión enmarcada de resentimientos y odio, así como de recuerdos endurecidos por los años. Donde nosotros vemos un legado para el presidente Obama, otros anticipan problemas y planes que empañen su presidencia mediante una disidencia debilitada. Sentimientos encontrados entre los que persisten en perpetuar la revancha y los que ansiamos el desarrollo económico de Cuba con los cambios anhelados por el pueblo.

Irónicamente en España la prensa congratula la normalización de las relaciones entre Cuba y EE.UU., pero deja ver en sus comentarios la pena de que haya sido Canadá y no España, el agente que intercediera y propiciara el histórico desenlace.

Por otro lado, están los de siempre, los senadores Bob Menéndez, Marco Rubio y Ted Cruz, así como los representantes Ileana Ros-Lehtinen y Mario Díaz-Balart, dispuestos a vociferar su amor por una Cuba que no conocen y usan para su beneficio. Recurren a palabras huecas y políticamente motivadas para azuzar a sus más obstinados seguidores. Peor aún, lanzan amenazas al presidente Obama, prometiendo que impedirán los fondos para poner en marcha la colaboración entre Cuba y EE.UU., que incluye una embajada en Cuba.

Por mi parte, pondero a CAFE por su extenuante labor para gestionar y motivar que hoy se respire un ambiente de euforia y alegría en las calles de Cuba. Agradezco al Presidente Obama, quien tiene todo mi respeto por su grandeza de espíritu y el coraje que implica propiciar una normalización con Cuba.

Gladys Cañizares