Donald Trump: entre el odio y la sordera

By Raúl Morejón.

Acabo de ver el documental del 2017 llamado “Get me Roger Stone”, el cual expone cómo se montó la campaña electoral de Donald Trump, que culminó con su victoria electoral del pasado 8 de noviembre del 2016.  Unos de los preceptos que manejaron dichos expertos es que el odio moviliza más votantes que el amor, y esto quedó claramente expuesto en toda la campaña electoral, tanto en primarias dentro del propio partido republicano, como en la carrera final por la presidencia. Primeramente el odio a Barack Obama y por consiguiente a su legado durante los últimos ocho años, fue uno de los objetivos  de campaña. La descalificación del Obama Care, del Acuerdo de París sobre medio ambiente, la prohibición de construcción del oleoducto Kinston y el deshielo con Cuba, entre otros, se le podían sacar beneficios políticos. No importa que eliminando dicho legado se perjudicara el pueblo norteamericano;  el odio tiene una fuerza aplastante y desde el 20 de enero  ha llegado el momento de cumplir los compromisos con sus votantes.

Me gustaría concentrarme en el tema del deshielo con Cuba.  Los beneficios del cambio de política de EEUU hacia Cuba son palpables en ambos lados: los acuerdos de cooperación, los vuelos directos, la disminución de las restricciones de norteamericanos a viajar a la Isla así lo demuestran. Si el presidente Trump hiciera una interpretación seria de la realidad cubana, tuviera en cuenta el hecho de que miles de pequeños empresarios privados cubanos se han beneficiado con el incremento de las visitas de estadounidenses, y que las propias autoridades cubanas han flexibilizado ante esta realidad el otorgamiento de licencias a negocios familiares asociados con el sector turístico. Parece que los asesores del presidente Trump no le han dicho que después del cambio de política los cubanos han visto multiplicarse sus posibilidades de acceso a internet.

Se contradice en sí mismo el presidente Trump cuando proclama que él hubiera negociado un mejor acuerdo con el gobierno cubano, y desde el 20 de enero no se han producido ningún contacto entre agencias solamente para darle seguimiento a acuerdos suscritos que tanto benefician a los EEUU. Las autoridades cubanas han expresado su preocupación en cuanto a retroceder en materia de narcotráfico y tráfico humano si esos contactos periódicos no se mantienen. También se contradice en el principio que promueve un gobierno poco intervencionista, con pocas regulaciones, al  complicar los trámites y permisos para que los norteamericanos viajen a la isla. Es contradictorio igualmente un hombre que promueve la libre empresa y el libre comercio y elimina o restringe los productos y servicios en los cuales ambos países tienen o podrían tener intercambios.

 Recientemente la organización anti embargo Engage Cuba  publicó un estudio sobre las pérdidas millonarias y de empleos que traerían por consiguiente la eliminación total o parcial de la medidas de Obama en los EEUU. Miembros de su gabinete favorecen un acercamiento comercial con Cuba. Sin embargo el Sr. Trump no escucha, no analiza o no entiende. Está actuando  solamente para un sector de Miami que ha estado enfermo durante muchos años y que no le garantizó la  victoria electoral en Miami Dade. La estrategia del odio que practica encuentra condiciones favorable en aquellos que justifican ciegamente cada uno de sus actos. Tampoco se entera de que en Cuba no tendrá nada de esto ninguna repercusión en cuanto a promoción de derechos.

Solamente hay una explicación: en este caso, el odio y el absurdo superan el sentido común.