Cuba y (todos) sus cubanos

Por Jorge de Armas

A partir de la lectura del interesante texto de Manuel Alberto Ramy "Cuba y sus cubanos" en Progreso Semanal, abordando de una forma amplia las carencias de la reforma migratoria cubana, me permito una breve reflexión.

Por una parte, si bien garantiza la reinstauración de derechos conculcados a los cubanos al amparo de una política beligerante y restrictiva, la reforma es parcial e  incompleta.  En el texto de Ramy esto queda claro, junto a los actos de discriminación vividos por cubanos que, ejerciendo el derecho humano a desplazarse con libertad, no pudieron disfrutar de su Patria por los caprichos de una Ley injusta.

Una verdadera Reforma Migratoria, debería eliminar absolutamente todas las restricciones a viajar para los ciudadanos cubanos, limitando este derecho a los casos previstos en la Ley como, procesos penales pendientes, deudas sociales, poseedores de secretos de Estado, prácticas comunes en la mayoría de los estados maduros.

También debería proteger, estimular y concebir la figura del Emigrante retornado facilitando la reinserción y participación de todo cubano que desee establecer su residencia en la Isla sin que para ello se necesite más trámite que su inscripción en las oficinas correspondientes y la obtención de sus documentos de identidad. 

Si bien la Ley aborda la posibilidad del retorno, lo hace a través de una solicitud que puede ser aprobada o no, un proceso que los servicios consulares llaman “repatriación”, cuyo término en sí mismo es vejatorio y conlleva una carga semántica peyorativa, además de una falacia.  Los cubanos que vivimos fuera no necesitamos “repatriarnos”.  Ni abandonamos la Patria, ni renunciamos a ella.

 La Constitución de la República de Cuba, amparada en el principio martiano de “Yo quiero que la Ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre” en su artículo 41 dice “Todos los ciudadanos gozan de iguales derechos y están sujetos a iguales deberes”

En derecho, los reglamentos suelen “arreglar” las inconsistencias de los cuerpos legales a fin de hacerlos legibles, practicables y correspondientes.  La reforma migratoria es legible, practicable, pero no es correspondiente, ni con la propia Ley que reforma, ni con la Constitución. 

Limitar, privar, coartar el ejercicio pleno de la ciudadanía cubana, esté el cubano dónde sea, pero en su derecho inalienable de ejercerla, es un error y atenta contra una Nación unida, además de propiciar umbrales contradictorios que favorecen más a los que anhelan una Cuba servil y dependiente.

Por otra parte, en el artículo, Ramy de cierta manera introduce la idea de la “conveniencia” de la reforma a partir de la posibilidad inversionista a la luz de los proyectos económicos que vive Cuba. Incluso se pregunta el periodista si  “¿Les negaremos participar en este megaproyecto? Si en igualdad de condiciones con el  inversionista extranjero, cerráramos o dificultáramos la entrada a los cubanos, estaríamos facilitando la manzana en el patio ajeno”

Aunque entiendo que esto último no obedece más que una forma de ejemplificar el absurdo, es necesario aclarar que la libertad para el ciudadano cubano de invertir, viajar, vivir, residir, retornar, ayudar, criticar, no puede derivarse de una posibilidad conveniente. 

Los derechos no se instauran por conveniencias políticas o económicas. Los derechos existen y se ejercen.  Es obligación de un Estado proteger a sus ciudadanos y de éstos participar, como Nación, en el proyecto de país en el que crean.