Cuba, la OEA y la Cumbre de la CELAC.

Por JORGE DE ARMAS

El Gobierno de Cuba, en su condición de Presidente pro tempore de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (CELAC), invitó a José Miguel Insulza, Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA) a la Cumbre que se realizará en La Habana entre los días 28 y 29 del presente mes. Este hecho demuestra que la política abierta del Gobierno de Cuba se encamina hacia la normalización de sus relaciones con entidades, instituciones y gobiernos sobre el marco del respeto mutuo y la no injerencia en los asuntos internos de las partes.

El presidente cubano Raúl Castro ha reiterado en numerosas ocasiones la voluntad de su gobierno de dialogar, en igualdad de condiciones, sin distinción de temas y bajo la única premisa del respeto con sus homólogos norteamericanos. Un proceso que es inevitable y que su retraso impide que el nuevo flujo de relaciones en la región se desarrolle con normalidad.  Para muchos países latinoamericanos la hostilidad estadounidense hacia Cuba no es sólo un rezago de la Guerra Fría, es limitar, en base a una agenda política de cambio de régimen, a un país que es protagonista del ejercicio social en la región.

El bloqueo también deslegitima la política internacional norteamericana, provocando un rechazo total en América Latina por su arbitrariedad, su probada ineficacia y las dificultades que provoca en el pueblo cubano. Además, este grupo de Leyes y adendas, con su alcance extraterritorial, no sólo afecta a Cuba y a los cubanos, incide también en el conjunto de relaciones de esos países con la Isla.

La OEA, instrumento servil a la política norteamericana durante muchos años, pierde protagonismo ante los nuevos mecanismos integradores de la región, que prescinde cada vez más de Estados Unidos y busca alternativas de colaboración basadas en las necesidades propias, las riquezas locales y los servicios propios de cada país.

Cuba, al invitar a su Secretario General, evidencia que su apuesta por la integración y el diálogo es firme y sin retroceso. Envía también una señal a Estados Unidos de que los rencores de más de 50 años de enfrentamiento pueden ser superados a través del diálogo, y que sólo desde el respeto se avanzará en la distención de un conflicto obsoleto y prefabricado.

Si bien nada parece indicar que Cuba busca regresar al seno de una organización que no obedece a la lógica actual de las relaciones entre los países latinoamericanos, no renuncia a tener relaciones con ella.  Esta invitación es también una muestra de respeto a aquellos países que sí pertenecen a la OEA, y como he expresado, una señal clara al mundo, y a Estados Unidos, sobre la firme voluntad de su Gobierno a profundizar en su reforma socio-económica y avanzar en la solución de su diferendo histórico con Estados Unidos.