CAFE y el anhelo de lo transnacional: una aclaración necesaria

Jorge de Armas

El análisis simplista sobre todo lo relacionado con Cuba se torna crónico en algunos articulistas. Para alguien como Haroldo Dilla, desde La Española, juzgar suspicaz desde la distancia se le hace fácil, incluso dotándolo del barniz teórico necesario para parecer estar in, cuando la realidad es que está out. Sus juicios son elucubraciones sin referencias a textos, a citas o a los eventos que condena o perdona desde suinquisidora mirada, pero ese es su género, y lo ha perfeccionado.

Basta leer la misma prensa de Miami que, sin ninguna simpatía, cubrió la conferencia de Cuban Americans for Engagement (CAFE) en el Sofitel para saber que el encuentro no centró su atención en “la cuestión del bloqueo/embargo” aunque el tema se tratase. Dilla ni se toma el trabajo de consultar los videos del evento ni la cobertura del mismo en la prensa. Ya tiene sus ideas sobre lo que allí ocurrió y en Cubaencuentro no tiene que sustentarlas. No cita documento, ni intervención ni trabajo presentado. Es su ideología y punto.

El evento estuvo organizado en tres paneles que abordaron diferentes aspectos con la idea de entender las nuevas dinámicas de Cuba y cuáles serían las posibles acciones a tomar por la administración de Obama a fin de construir unas mejores relaciones con la Isla.

Apoyándose en el elemento de moda de “lo trasnacional”, sin establecer mediaciones entre los eventos que discute, Dilla relaciona de modo inequívoco el propósito político de CAFE con el de Espacio Laical o incluso con la Iglesia Católica. Evocando un “hilo conductor personal”, el ex cuadro del Comité Central del PCC en el Centro de Estudios sobre América afirma que la conferencia en el Sofitel y otra de la revista católica realizada en Cuba estuvieron a cargo de las mismas personas a quienes no identifica.

Basta acceder a los programas de ambos encuentros para constatar lo falso de dicha aseveración. Apenas tres ponentes Roberto Veiga, Lenier González y Arturo López-Levy coinciden en ambos eventos. ¿De dónde saca Dilla que se trata de una misma agenda trasnacional?

En el evento en Miami se escucharon sectores de la sociedad cubana que no son comunes en los espacios de discusión miamense pero a Dilla no le interesan. Mas aun los descalifica como parcos sin haberlos escuchado.

Abiel San Miguel-Estévez, gerente de la paladar Doña Eutimia, uno de los 101 mejores restaurantes de Latinoamérica según Newsweek, atrajo mucho la atención de los más de 150 participantes al relatar su experiencia y comentar los retos que supone administrar un negocio privado en Cuba.)

Yasmín S. Portales, coordinadora del Proyecto Arcoíris, hizo importantes críticas y sugerencias desde su presentación sobre la “Luchas por la equidad de género, raza y LGTB”. La exposición de Portales —y el artículo que escribió luego a propósito del evento— evidenció que existe un sector no asociado a entidades estatales que asume la voz de minorías y las defiende en Cuba desde la sociedad civil más autónoma, tan autónoma que no tiene ambigüedad alguna y habla desde un contexto nacional soberano, sin concesión alguna al bloqueo o la política de cambio de régimen a la que Dilla pretende cubrir con la hojita de parra de lo “transnacional”.

CAFE apuesta por un diálogo fluido y constante que una a todos los cubanos. Este encuentro logró reunir panelistas con estrategias y formas distintas de operar, desde académicos hasta empresarios. La voluntad de la organización no es una proyección academicista, es propiciar acciones políticas para mejorar las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.

Para Dilla, CAFE forma parte de un “campo político trasnacional” cuya novedad reside en ser el primero “que puede presentarse como tal públicamente y mostrar sus credenciales a la sociedad cubana de ambas partes” refiriéndose a la emigración y los residentes en la Isla. Dice esto e inconsistentemente con su discurso también afirma que CAFE “está obligada a abstenerse de todo intento de opinar o incidir en la política interna cubana.” Es complejo de entender cómo puede uno mostrarse a ambas partes y abstenerse de incidir. Sólo en aras de un discurso parcial es posible entender estas contradicciones.

Si algo distingue a CAFE de otras organizaciones es que hace acción en los espacios propios de incidencia real. En sus incursiones en Washington no se limita a visitar el Congreso, el Departamento de Estado o la Casa Blanca; también se reúne con las autoridades cubanas y les presenta sus propuestas. CAFE ha defendido la necesidad de la rebaja de las tarifas en los pasaportes, de una Reforma Migratoria, (antes de la actual) la consecución plena de los derechos ciudadanos de los emigrados y lograr un acercamiento entre ambos Gobiernos a partir de acuerdos sobre intereses comunes.

Como otro detalle de su tendenciosidad y desconocimiento, Dilla mezcla en brebaje venenoso las dos conferencias con su denuncia a la negativa del visado por parte de Cuba a Carmelo Mesa Lago. CAFE se ha declarado a favor de una política que, protectora de la seguridad nacional de Cuba y los Estados Unidos, favorezca los intercambios académicos y educacionales entre los dos países. Contrario a lo que afirma Dilla, CAFE ha dicho explícitamente que aboga por el paradigma de la Declaración Universal de Derechos Humanos, por el cual todo cubano tiene derecho a entrar a su país de origen. Por si tiene dudas, le recordamos que la expresión “todo cubano” incluye a Carmelo Mesa Lago.

En Miami desde perspectivas cubano-americanas se habló de los contactos pueblo a pueblo, tanto culturales, educacionales como políticos, y para ello Hugo Cancio, Silvia Wilhem y Collin Lavery, hablaron de sus experiencias, exponiendo no sólo los aciertos, sino también las dificultades y necesidades.

Es curioso que Dilla se empecine en empobrecer todo lo que tenga que ver con Cuba al pensamiento binario que lo ha caracterizado en toda su trayectoria, no importa qué signo político lleve su obra. Basta leer las páginas del Nuevo Herald, no del Granma, para registrar la respuesta de Colin Laverty ante un artículo de Juan Tamayo que reportaba su intervención en el evento como crítica a los intercambios pueblo a pueblo, porque lo era sin reducir la importancia de los mismos para acercar a los dos pueblos.

Un último panel, el único integrado exclusivamente por académicos de reconocida trayectoria, se adentró en las posibles estrategias a seguir para acercar a ambos gobiernos. En la hora crítica que viven las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, tanto la reciente encuesta de The Atlantic Council como la inclusión de Cuba en la lista de países que patrocinan el terrorismo, temas desarrollado por Guillermo Grenier y Arturo López-Levy respectivamente, cobran especial relevancia, tanto por las implicaciones prácticas para el desarrollo de la propia Cuba, como para las relaciones de Estados Unidos con terceros países.

En ese diálogo “trasnacional” se destacó la participación de Antonio Zamora, por su trayectoria académica y práctica. Zamora subrayó desde su experiencia de ex consejero legal de la Fundación Nacional Cubano Americana y veterano de la Brigada 2506 todo el significado que tiene la reconstrucción de nexos entre todos los cubanos “patriotas y respetuosos” (adjetivos que parecen molestar a Dilla) para un proceso de reconciliación nacional. Zamora es el ejemplo de una visión extendida, transhistórica y de futuro, no de los coletazos del pasado tan al uso en el diseño de políticas y en la voz de muchos “expertos” en el tema cubano, en la derecha cubano-americana y el izquierdismo (“enfermedad infantil”) cubano-dominicano.

El evento de CAFE en Miami, demostró la posibilidad de ver más allá de las ideologías, de buscar la posibilidad de poner lo cubano por encima de la confrontación, de conversar sobre ese anhelo trasnacional sin antagonismos innecesarios. La propia Yasmín S. Portales, al narrar sus experiencias al visitar Miami y participar de este evento escribió: “Yo, ex militante de la UJC, le di la mano a un hombre de la Brigada 2506. Estamos de acuerdo en que nuestro país no necesita los permisos de Estados Unidos para existir”.

Tiene razón Dilla en una cosa, fue un evento en un espacio trasnacional en el que todos los cubanos que participamos, no importa de dónde viniésemos, reafirmamos, por encima de diferencias políticas, nuestro deseo de una Cuba más abierta a todos sus ciudadanos, soberana, democrática, independiente, sin subordinaciones. Fue el primer paso de otros que vendrán.