¡Bienvenida Cuba! Netflix is now avalaible

Por: JORGE DE ARMAS

Así, con una bienvenida a la Isla desde su cuenta de Twitter, la compañía que revolucionó la forma de distribución y disfrute de contenidos audiovisuales por Internet, aterriza en un país con apenas el 26 % de usuarios de la red, una velocidad promedio de 2.3 Mbps y un salario medio equivalente a unos 20 dólares mensuales.

El pasado 15 de enero la administración de Barack Obama anunciaba, en un amplio paquete de medidas, que las empresas de comunicaciones estarían autorizadas a realizar inversiones en infraestructuras y vender al Estado cubano servicios, software, dispositivos y equipos. Además se flexibilizaban las restricciones  para entidades de crédito y líneas aéreas.

Las empresas norteamericanas reaccionaron al instante. MasterCard yAmerican Express anunciaron que sus usuarios podían utilizar sus tarjetas aunque fueran emitidas por entidades norteamericanas.  Numerosas aerolíneasmanifestaron su deseo de participar en el mercado de los viajes a Cuba y cada vez más sectores se suben al carro de participar en la economía futura de la Isla.

El hecho de que la mayoría de la población cubana viva en una precaria situación económica y que no existan las infraestructuras adecuadas para que ciertos servicios sean accesibles de manera general no parece ser un obstáculo.  Algunas de estas empresas trabaja en lograr visibilidad y reconocimiento de marca y otras confían en que serán los emigrados cubanoamericanos los usuarios principales de las nuevas posibilidades. Del mismo modo no sería descabellado afirmar que, en un primer momento, muchos de los abonos aNetflix, cuyos planes para Cuba empiezan desde los 7.99 dólares al mes, serán sufragados por familiares y amigos residentes en el exterior y que, de hecho,  se podrían incluso compartir cuentas.

Netflix es un servicio de alquiler de películas y de trasmisión de contenido audiovisual, -películas, series, documentales y programas de televisión- a través de Internet. Surgida en 1996, la firma cuenta con un catalogo de más de 2500películas y programas de televisión disponibles para usuarios repartidos en toda América, parte de Europa y Sudáfrica.  El pago de la cuota mínima garantiza, durante un mes, el acceso ilimitado a todas sus ofertas, en un servicio destreaming (flujo) de datos que se adapta automáticamente al ancho de banda del que disponga el cliente.

Además, con otras tarifas, la compañía alquila hasta tres DVD de manera simultánea que se reciben y devuelven por correo postal. Toda la base operativa del sistema funciona exclusivamente a través de Internet.  Navegar por su catálogo, escoger las películas o pagar por el servicio, se hace de manera online. Para su activación es necesario una cuenta de correo electrónico y una tarjeta de crédito o débito.

Una de las características de la empresa es que incorpora a sus ofertas las producciones de aquellos países donde está presente.  En una declaración a propósito del anuncio, su Director Ejecutivo Reed Hastings afirmó “estamos encantados de finalmente poder ofrecer Netflix al pueblo cubano. (…) Cuba tiene grandes realizadores; un arte y cultura robusta que tenemos la esperanza de poner a la disposición de nuestra audiencia de más de 57 millones de miembros”

En este aspecto la plataforma podría constituirse en un vehículo único de distribución y comercialización del audiovisual cubano.  No sólo la producción “oficial”, también la que se ha realizado desde el movimiento de cine aficionado, la Asociación Hermanos Saiz, la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños y el incipiente cine independiente participarían de un espacio de promoción en expansión constante.

Es evidente que el hecho de tener un servicio no implica su acceso a él.  Con Netflix, MasterCard, American Express y la previsible afluencia de empresas abiertas al “pueblo cubano” se está dando la paradoja de servicios existentes y a plena disposición del cliente, sin la infraestructura necesaria para su disfrute. Muchos comercios o empresas de servicio estatal no tienen implementado el servicio de cobro a través de tarjetas de crédito o débito y el sector privado no tiene forma de contratar el mismo.  El escaso nivel de penetración de Internet, unido a los bajos salarios, tampoco permite ser optimistas en que una empresa como Netflix cuente, de momento, con una profusión notable de clientes en la Isla.

Siendo suspicaces se pudiera pensar que la nueva forma en que los Estados Unidos incide en Cuba busca poner en evidencia sus carencias dejando en su terreno resolver esas incongruencias. Lo cierto es que las propias medidas implementadas y el interés y la  prontitud con el que han respondido las empresas norteamericanas señala que el siguiente paso está en las manos de las autoridades cubanas.

La expansión del acceso a la red en Cuba es impostergable, legítima, necesaria. Lejos de las posibles ciberfobias o reticencias ideológicas de las fuerzas de contención en la Isla, pero también de las que intentan reproducir las estructuras de hostilidad desde EE.UU., el reto está en buscar cómo estas medidas, y el interés de la empresas, se revierte en mejorías palpables para la gente. Internet no es solo un vehículo de información o de trasmisión de contenidos, es una herramienta que vigoriza la economía, reduce burocracia y favorece la eficiencia.

Las autoridades culturales cubanas han demostrado aversiones de diverso grado frente a formas paralelas a los circuitos estatales de distribución audiovisual.  En una medida altamente impopular y criticada, en noviembre de 2013, el Consejo de Ministros ordenó el cese inmediato de “la exhibición cinematográfica (que incluye a las salas de 3D)” Del mismo modo y de forma contundente el ex ministro de cultura y asesor del Presidente cubano Abel Prieto ha evaluado críticamente el contenido del paquete semanal. Y he aquí otra paradoja; algunas obras audiovisuales que no pasan la criba y son vetadas de los circuitos de distribución y consumo, pudieran ofrecerse, de darse todas las condiciones, en la plataforma que abre su servicio hacia Cuba.

Netflix roza un espacio altamente conflictivo para las autoridades cubanas.  La trasmisión y distribución de contenidos audiovisuales ha sido controlada y escogida de acuerdo con esquemas no siempre lógicos y la más de las veces ajustado a interpretaciones personales de lo correcto.  Para un país que censuróla trasmisión de una película como Fresa y Chocolate en la televisión nacional y que más recientemente lo hizo en el Festival de Cine, ejemplo de pluralidad latinoamericana, con el filme “Regreso a Ítaca” la empresa norteamericana supone un reto pues una vez abonado el servicio y permitido el acceso, es imposible censurar sus contenidos.

Ante la posible estrategia norteamericana de incidir en zonas en las cuales el Gobierno tiene excesiva cautela, la respuesta no debe ser restrictiva. Apertrecharse en viejas formas sería contraproducente y pudiera llevar a un retraso del proceso de normalización de las relaciones entre ambas naciones.

La presencia de Netflix en la Isla, al igual que la liberación de Chrome y el acceso a los servicios de Play y Analitycs de Googleel pasado noviembre, amplia la brecha entre servicios disponibles y posibilidad de acceso a los mismos.  En Cuba esta contradicción, más allá de las condiciones económicas y el desarrollo de las infraestructuras necesarias, se sitúa en el resbaladizo terreno de las políticas.

La pregunta es si la apertura del servicio de una empresa que funciona exclusivamente a través de Internet y que precisa de formas de pago electrónico, forma parte de una estrategia en la preservación de hostilidades o simplemente de un plan de marketing para lograr visibilidad avant la lettre.  En cualquier caso es una simple avanzadilla. Tras Netflix;  AmazoneBayHulu, oCraigslist podrían ser los próximos.  Propiciar el acceso a los mismos, esta vez, depende y mucho, de la voluntad política de las autoridades cubanas.

@jorgedearmas

(Tomado de Progreso Semanal)