¡Azúcar para crecer! (La sacarocracia cubana se da una vuelta por la Isla)

Por: JORGE DE ARMAS

El reciente artículo en el Washington Post Sugar tycoon Alfonso Fanjul now open to investing in Cuba under ‘right circumstances’   abre una brecha en la futurología sobre Cuba y alienta sobre un cambio de visión sobre las relaciones económicas entre Cuba y su emigración.

Recientemente Cuba anunció que por primera vez desde la nacionalización de la industria azucarera una firma brasileña administraría un central cubano. Este hecho reviste un carácter simbólico que se ha pasado por alto, es la primera vez que un estatuto asentado en la proyección ideológica del proyecto socialista cubano se abre a cambios.

Entre los postulados básicos que marcaron el ejercicio de la soberanía adquirida en enero de 1959, la nacionalización del primer sector económico de la Isla fue inamovible.  De hecho el azúcar y su producción fueron eje de políticas concretas hasta muy entrados los ochenta.  La zafra de los diez millones, o la participación cubana en el CAME tenían como eje fundamental la producción de azúcar como principal producto exportable de la Isla.

El hecho de que una firma brasileña administre de un ingenio cubano no sólo significa que se abre a la participación foránea un sector vinculado conceptual e históricamente a la soberanía y la esencia misma de la nación cubana, sino que además se lanza al mundo la idea de una revitalización de la industria, que, en los últimos años, había cerrado numerosos centrales y se proyecta en franco proceso de depauperación.

En este contexto aparece el artículo sobre Alfonso Fanjul, sus viajes a Cuba y su declaración de que estaría dispuesto a invertir en Cuba bajo condiciones apropiadas.

No confundamos estás declaraciones como premisas o condiciones.  Cuando un empresario dice “condiciones apropiadas” no sé refiere ni a cambio de régimen, ni a partidos políticos ni a condicionamientos ideológicos previos, se refiere a garantías para su inversión, a facilidades de operar y a apoyo gubernamental.

La posible inversión del grupo Fanjul en sectores industriales cubanos, incluído el azucarero, contemplando la posibilidad de que ésta fuese en los propios ingenios nacionalizados, contiene dos mensajes importantes.  El primero es que para un sector de empresarios de éxito cubanos y en el gobierno cubano, prima el futuro de Cuba y la necesidad de promover un intercambio serio entre ellos.  El segundo es que se estaría dando el primer paso en un proceso de reconciliación, en un área tan sensible como en de las nacionalizaciones y expropiaciones, sin caer en soluciones traumáticas ni exacerbando rencores personales.

Por otra parte, la entrevista artículo, que es sospechosamente puntual y medida, incide en que Fanjul no es ciudadano americano, es sólo residente, y que conserva su nacionalidad española.  Esto es una aclaración necesaria pues los ciudadanos norteamericanos, por las leyes del bloqueo y los reglamentos que lo soportan están impedidos de invertir en Cuba, bajo severas condenas y multas.

El hecho de que Cuba injustamente aparezca en la Lista de países que apoyan el terrorismo del Departamento de Estado, es otra alambrada entre los posibles contactos entre los dos gobiernos y posibles inversores de origen cubano.

Fanjul por otra parte tendría que vencer la lógica repulsa de muchos cubanos que conocen su relación con la Fundación Nacional Cubano Americana, organización que ha apoyado, financiado y promovido acciones hostiles y terroristas contra el pueblo cubano.  Aunque los tiempos cambien, aunque una reconciliación entre cubanos es posible, no creo que se pueda pasar por alto el asesinato, la subversión o el hostigamiento a todo un pueblo. El empresario también ha colaborado con otros grupos y asociaciones abiertamente opuestas al proyecto socialista cubano.

Fanjul, contribuyente de campañas políticas y allegado a muchas figuras de poder en los sectores dominantes de la sociedad norteamericana podría convertirse en un factor de influencia para que el Gobierno norteamericano diera pasos en eliminar las trabas que hoy existen para unas relaciones normales entre vecinos, primero suprimir a Cuba de la Lista de países terroristas, y segundo eliminar el embargo económico y financiero que sufre la Isla por más de medio siglo.

El entramado empresarial de los Fanjul han contado con el apoyo incondicional de los congresistas y senadores cubano americanos que siempre han votado a favor de los subsidios al sector azucarero.  Muchos investigadores han visto cierto corporativismo en el otorgamiento de los mismos. En cualquier caso, con estas declaraciones se separa de las posturas manifiestamente anticubanas que defienden los mismos legisladores que siempre lo han apoyado.

Es innegable que Fanjul pudiera utilizar su influencia para organizar un lobby que promueva que se tomen medidas a favor de la normalización de las actividades económicas entre Cuba y Estados Unidos del mismo modo que sería lógico y coherente pensar que el gobierno cubano exigiría el uso de esa influencia antes de consolidar cualquier negociación.

Cualquier tipo de negociación que involucre cubanos que no residen en la Isla tendrá que plantearse desde el respeto al proyecto social al que responde el pueblo y Gobierno de Cuba, lo cual no excluye que esa misma autoridad ofrezca, conceda y también respete garantías a las inversiones y propiedades en Cuba de esos más que probables inversores.

Más allá de estas especulaciones el simple hecho de que este empresario, ejemplo de magnate que sufrió la nacionalización de sus propiedades en la Cuba de la década del sesenta, hoy, a más de cincuenta años de aquella medidas, viaje, piense y plantee que invertiría en Cuba, es un signo de cambio de mentalidad en el empresariado cubano emigrado, y una esperanza de futuro donde participen como iguales todos los componentes de la Nación cubana.