Nuestro pueblo merece un futuro mejor

Por Gladys P. Cañizares

Durante cinco décadas y hasta el 14 de enero del año en curso, los cubanos no podían viajar al exterior como suele hacerlo el resto del mundo.  Sin embargo, Raúl Castro cumpliendo sus promesas de reformas, ha eliminado finalmente dicha prohibición y los cubanos ahora pueden viajar con visa a cualquier país, incluyendo Estados Unidos.  Tomando en cuenta su injusta duración y los riesgos de su implementación, este cambio es extremadamente significativo. Es significativo para cerrar un ciclo penoso en la historia de Cuba.

Finalmente, los cubanos podrán reunirse con sus familiares y terminar con una ausencia que ha dejado heridas sicológicas. Jamás se podrá devolver a los seres queridos y amigos que murieron y no vimos más, por muerte natural o en alta mar, pero renace la esperanza. El primer ímpetu será salir de Cuba para disfrutar de todo lo que se carece en la isla y ser parte del “Sueño Americano.”  Un sueño que requiere inmensos sacrificios y que actualmente conlleva penurias por carecer de derechos y beneficios que se consiguieron en el pasado. Aún teniendo en cuenta esta conjetura, los cubanos como siempre trabajarán con ahínco para levantar cabeza en Miami u otro lugar.

Con el tiempo y si el gobierno permite, el espíritu creativo del cubano aumentará lentamente y sin darse cuenta, también crecerán las oportunidades de crecimiento empresarial en Cuba. Un imponderable, ya que es necesario implementar de antemano una infraestructura adecuada para el crecimiento sostenible y para evitar la corrupción. Por tanto, además del mismo gobierno, el principal obstáculo para la restauración de libertades y prosperidad en Cuba, serán aquellos cubanos que insisten en métodos inútiles, ya sea por inercia o por conveniencia propia.

Cuba jamás será la misma y una cosa es cierta, no habrá injerencia extranjera, se levantará el embargo y con suerte como Perla de las Antillas, brillará con luz propia. Nuestro pueblo merece un futuro mejor.

Gladys P. Cañizares ha sido un profesional bancario durante 30 años y tiene su propia consultoría. Paralelamente, ha abogado gran parte de su vida por el respeto a los derechos humanos y el restablecimiento de una sociedad productiva y equitativa en Cuba.