El camino norteamericano en las relaciones con Cuba

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Por Arturo López-Levy

El 4 de octubre se celebró en el Tower Theater de Miami Dade College el evento “Políticas de intercambio y el voto cubano-americano”. A la conferencia, auspiciada por el Centro de Política Internacional en Washington y un consorcio de estudios latinoamericanos del sur de la Florida, no asistió ningún reportero del Nuevo Herald, pero tres semanas después se ha publicado un artículo (“No todos tomamos CAFÉ”, 24 de octubre) escrito por un oyente de las ponencias. El texto contiene múltiples faltas gramaticales, ortográficas, e inconsistencias en los nombres citados. Necesita un editor. Lo peor es que también está lleno de insultos, tergiversaciones, y mentiras. Como mínimo, el Nuevo Herald debió  verificar las acusaciones del improvisado reportero con el audio del evento.

Resumo mi intervención, una de las tergiversadas:

Mi ponencia se tituló “2012: A crucial election and the cycles of U.S.-Cuba relations”. Su punto de partida es que la  implementación de la ley Helms-Burton depende de los poderes presidenciales de política exterior consagrados en el artículo 2 de la constitución de EE.UU y reiterados en la declaración del presidente Clinton que acompañó la firma de la ley en 1996. Desde la premisa de que la ley era una mala plataforma para conducir las relaciones bilaterales entre Washington y la Habana, la ponencia describió dos tipos de ciclos paralelos, uno vicioso y otro virtuoso, cuya prevalencia depende de las decisiones ejecutivas. La idea del ciclo reside en la existencia de sinergías entre los intercambios y el fortalecimiento de grupos que demandan su expansión al interior de las sociedades cubana y norteamericana.

El ciclo virtuoso seria aquel en el que el presidente usa sus poderes constitucionales para promover los intereses nacionales de los EE.UU y la democratización de Cuba a través de políticas de intercambio en coherencia –al decir de Robert Kennedy– con “los valores libertarios de nuestro país”.  Una interpretación presidencial amplia de los contactos pueblo a pueblo y la inviolabilidad de los derechos familiares expandiría las comunidades de destino común a ambos lados del Estrecho de la Florida, interesadas en una relación constructiva, favoreciendo aperturas derivadas de un mayor intercambio social entre los dos países. Ejemplos de ciclos virtuosos después de la aprobación de la ley Helms-Burton serían los períodos de 1998-2002 bajo el presidente Clinton, la inercia de licencias para viajes y venta de alimentos que se mantuvo bajo la administración Bush, y la política de promoción de viajes familiares cubano-americanos y de contacto pueblo a pueblo bajo la administración Obama.

El ciclo vicioso se expresó en el período del presidente George W. Bush a raíz de las Comisiones For A Free Cuba en 2004 y 2006. No solo se redujeron los contactos familiares (un viaje cada tres años) y de pueblo a pueblo, sino también se desmovilizaron las demandas de intercambio cultural, humanitario, religioso, y educacional entre los dos países.

La próxima elección de 2012 es crucial para la comunidad cubano-americana porque la Administración Obama ha restablecido una masa crítica de viajes, familiares y de otras categorías hacia la isla. Esa dinámica  apunta a hacer cascada sobre las relaciones entre los dos países y los procesos de reforma económica y liberalización que están teniendo lugar en Cuba. Una victoria republicana podía llevar a la restauración de los ciclos viciosos,  dado el oído atento del gobernador Romney a las fuerzas que abogan por un curso de aislamiento y confrontación. La reelección de Barack Obama llevaría a una expansión de los viajes por la simple resonancia de esas experiencias actuales entre diferentes segmentos de la sociedad norteamericana (comunidades religiosas, universitarias y familiares).

La elección de 2012 es crucial también para las relaciones de gobierno a gobierno, que afectan el contexto donde los viajes pueblo-a-pueblo tienen lugar. Una presidencia de Romney convertiría en intratables problemas de por si difíciles (no “dificultosos”, palabra que necesita edición en el texto criticado) entre los dos gobiernos. Mencione tres temas: 1) la injusta inclusión de Cuba en la lista de países terroristas del Departamento de Estado, 2) una solución del caso del sub-contratista de la USAID Alan Gross, arrestado en virtud de la implementación provocadora de programas de cambio de régimen postulados en virtud de la sección 109 de la ley Helms-Burton, y 3) Una respuesta constructiva estadounidense a las demandas cubanas en relación a los cinco cubanos condenados por espionaje en Miami.

Nunca use la frase “cinco héroes” que aparece entrecomillada en el texto del Nuevo Herald. Contrario a la versión del libelo, el evento en el teatro Tower incluyó profundas críticas a las políticas del gobierno cubano y criterios de ponentes y el público a favor de remover los obstáculos en ambos lados del Estrecho de Florida al intercambio pueblo a pueblo. No lo dije entonces pues no era el tema, pero coincido con el grupo de detenciones arbitrarias de las Naciones Unidas y Amnistía Internacional en la opinión de que el juicio a los cinco agentes del gobierno cubano careció de las mínimas garantías de imparcialidad y justicia. A diferencia de Rolando Behar, quien usando un lenguaje incendiario aboga por un intercambio de Alan Gross por los cinco, he pedido resolver ambos casos en sus propios méritos: un nuevo juicio para los cubanos fuera de Miami, y un acto de clemencia para Gross en la Habana.

Nadie discutió la creación de lobby alguno. Se reiteró que la mayoría de la ciudanía estadounidense, y también de la comunidad cubano-americana apoya el intercambio y el diálogo con Cuba.  Tales políticas favorecen a la nación cubana, nuestra patria de origen, y representan  los intereses y valores de nuestra patria de adopción, los Estados Unidos.