Antes de quitar la Ley de Ajuste Cubano

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Por Arturo López-Levy

Por décadas, el gobierno cubano ha denunciado la Ley de Ajuste Cubano de 1966, como “la ley asesina”, culpando al estatuto norteamericano por la migración de miles de cubanos a la Florida. Esa interpretación nunca ha tenido efecto en los gestores de política en EE.UU, pues ignora los factores del sistema económico y político en la isla que empujan a los cubanos a emigrar. Por extraña coincidencia, ahora han aparecido sectores vinculados al embargo norteamericano que insisten, cada vez con más fuerza, en la necesidad de derogar la ley.

El hecho de que muchos cubanos que emigran discrepen del gobierno cubano, no significa que concuerden  con el embargo estadounidense contra Cuba.  Cada año, 300 000 cubano-americanos van a Cuba  y votan contra la restricción para viajar y la estrategia de provocar una rebelión por asfixia, enunciada en la Ley Helms-Burton. Tras la flexibilización migratoria cubana del pasado Octubre, no es difícil pronosticar un aumento del movimiento circular entre Cuba y EE.UU.

En la comunidad cubano-americana se acentúan las tendencias a una preponderancia de las últimas oleadas de emigrantes, con una visión más favorable a incentivar cambios en Cuba a través del intercambio y el diálogo. Usando las ventajas asociadas a la Ley de Ajuste Cubano de 1966 y las nuevas regulaciones migratorias cubanas, miles de cubano-americanos, interesados en llevar vidas trasnacionales, podrían hacerse residentes legales y ciudadanos norteamericanos, mientras mantienen propiedades, residencia y hasta negocios en Cuba.

Tal dinámica tendrá efectos moderadores en las políticas de Miami y La Habana. Primero, porque el contacto entre las dos orillas del Estrecho de la Florida se multiplicará, segundo, porque comunidades interesadas en tales intercambios crecerán, poniendo presión respectiva en la Casa Blanca y el Palacio de la Revolución y tercero, porque una ley que originalmente surgió como parte de la guerra fría entre Cuba y EE.UU, podría servir ahora de virtual amnistía migratoria para cubanos que salen legalmente de Cuba a EE.UU por motivos de trabajo, educación, o encuentro familiar.

La Ley de Ajuste Cubano fue aprobada por la Administración demócrata de Lyndon Johnson para regularizar la presencia en territorio norteamericano de miles de cubanos, cuyo proceso migratorio de entrada no fue como asilados bajo peligro de persecución o tortura. La ley protege a los Estados Unidos de un derecho automático a la residencia. El fiscal general regula la elegibilidad. Es por eso que varios de los arribados durante o después de  Mariel, con problemas legales, fueron considerados “entrantes” y tuvieron que esperar a la reforma migratoria en 1986, o siguieron siendo deportables.

Si el gobierno de Barack Obama detuviese la implementación de pies secos/ pies mojados, que es diferente a derogar la ley de Ajuste Cubano, Estados Unidos recibiría una emigración en camino a la legalización. Entrarían a EE.UU, cubanos, mayormente educados, con conocimiento del inglés, que tienen familiares asentados en el país, y por tanto con un aterrizaje menos traumático al de otros emigrantes.

EE.UU necesita emigrantes para atenuar las bajas de natalidad de típico país desarrollado. El cubano es un buen prospecto; no alberga sentimientos hostiles ni valores contrapuestos a la democracia norteamericana. Cuba tiene bajas tasas de natalidad, sin peligro de una emigración de gran magnitud. Ningún acto terrorista en suelo norteamericano cometido por cubanos (como el disparo en el puerto de Miami contra un barco polaco) es atribuible a los cubanos emigrados en las más recientes oleadas.

Son los legisladores cubano-americanos, los que al abrir un posible debate político sobre el estatuto de 1966, están creando la enfermedad, de la que se proclaman remedio. Desde 1978, cientos de miles de cubano-americanos han visitado su país de origen y ningún Congreso (de mayoría Republicana o Demócrata), ni ningún presidente ha perdido tiempo tratando de derogar la ley de 1966. Fue frente al gobierno cubano hasta 1978 que los emigrados tuvieron que reclamar su derecho a visitar su país de origen.

La libertad de viajes es tan americana como el pastel de manzana. Nada en la Ley de Ajuste Cubano o su debate previo en el Congreso de 1966 prescribe que sus beneficiarios se olviden de sus familiares. Benjamín Franklin, el primero de todos los norteamericanos, hizo incontables esfuerzos por abrazar a su hijo, antiguo gobernador de Nueva Jersey, y refugiado en Inglaterra tras ser derrotado por la revolución alentada por su padre. Al decir de Franklin los lazos familiares, eran del tipo “natural," e iban “más allá de las consideraciones políticas."