Assange, Correa, Yoani Sánchez y la curiosidad del gato

Assange.jpg

Por María Isabel Alfonso

Tras el reciente otorgamiento de asilo político por parte de Ecuador a Julian Assange, la bloguera cubana Yoani Sánchez ha comentado que es paradójico que Assange sea acogido por un gobierno que tiene una política rígida y agresiva hacia los medios de comunicación y la libertad de información. Escuchar comentarios como estos nos alertan de lo importante que es que los cubanos en la isla tengan acceso completo al Internet y otros medios de información. Tal parece que Sánchez vive de espaldas a las narrativas que ya hoy, hasta los más conservadores, han aceptado como problemáticas. Porque libertad de prensa, expresión y elección, no son necesariamente parte intrínseca de las sociedades democráticas contemporáneas primermundistas, ni vienen con ellas por “default”; por el contrario, son muchas veces  cajas de resonancia que no hacen justicia a los nombres que las definen.

Sanchez.jpg

Sánchez se hace eco de quienes critican a Correa por su actitud de cuestionamiento hacia la corporativización de la información. Y encuentra contradictorio que Assange, paladín de la libertad de información, haya alargado su mano a Correa en busca de apoyo. ¿Cuál es la paradoja?

Correa ha confrontado a El Universo, El comercio, La Hora, Expreso, Hoy y las cadenas de televisión Ecuavisa y Teleamazonas (pertenecientes a sólo media docena de familias en Ecuador) por sus posiciones monopolísticas. ¿Por qué, se pregunta con razón Correa, debe dejarse en manos de corporaciones privadas, la diseminación de información básica de contenido público, pertinente a la comunidad nacional ecuatoriana? ¿Por qué permitir que la opinión pública sea bombardeada con ataques personalistas y difamaciones con motivaciones políticas, orquestadas desde una minoría mediática privilegiada?

¿Es dicho cuestionamiento de Correa un “ataque a las libertades individuales”, como muchos quieren hacer ver, o es un llamado de conciencia a la forma irresponsable con que un reducido pero poderoso sector, propietario de los medios de comunicación, está editando y reeditando la historia presente, hasta llegar a convertirla en ficción?

Assange, por su parte, al filtrar información que delata actitudes corruptas de muchos gobiernos (algunos de los cuales se presentan como paladines de la democracia y el respeto a los derechos humanos), ha marcado el camino para un periodismo que no se deje poner condiciones. Assange ha  interpelado directamente a los periodistas para que desafíen el estatus quo establecido por sus amos mediáticos. Lo que generalmente los periódicos omiten, o ponen en última plana en letras pequeñas, ha sido magnificado al tamaño pertinente. Gracias a Wikileaks, hechos como el ataque descarnado desde un helicóptero norteamericano, a un grupo de civiles en las calles de Bagdad, ha llegado a ser conocido, visto y evaluado por la opinión pública norteamericana.

Assange no hubiera podido encontrar mejor protector.

¿Sabrá Yoani Sánchez que Rupert Murdoch, recientemente encausado por flagrantes violaciones a la ética periodística (la intercepción de la línea de celular a una adolescente de 13 años víctima de asesinato, entre otros actos, desde uno de sus periódicos), es dueño de gran parte del monopolio de la información en Estados Unidos e Inglaterra? ¿Que Murdoch es el propietario de News Corporation, la compañía noticiosa evaluada en $ 53 billones radicada en New York, que engloba a su vez a Fox News, The Wall Street Journal, The New York Post y el estudio fílmico 20th Century Fox?Cualquiera con un mínimo de curiosidad intelectual se pregunta en qué radica la “libertad” de un periodismo controlado por el poder dictatorial de unas pocas corporaciones.

Pero la curiosidad mató al gato, y quién sabe, algunos quizás prefieren no tomar el riesgo. Por mi parte, sigo soñando con una Cuba con acceso Internet para todos, pero libre de los látigos corporativos mediáticos que no están tan lejos de la prensa y televisión unipartidistas.